Adquisición de lenguaje: los mecanismos que intervienen

Daniel Velázquez Velázquez
daniel.velazquez.ser@gmail.com

La adquisición del lenguaje en los niños es un fenómeno fascinante del desarrollo. En los primeros tres años de vida, y sin necesidad de ninguna intervención escolarizada, ellos adquieren de manera orgánica la habilidad de formar frases con 2 o 3 palabras con coherencia sintáctica, conjugar verbos, y añadir, a un ritmo muy rápido, nuevas y muy novedosas palabras a su vocabulario que, además, saben aplicar de manera pragmática. Considerando la experiencia limitada que un menor de 3 años suele tener sobre el mundo, esto supone una verdadera proeza. A lo largo de este ensayo se describirán los mecanismos que se consideran más relevantes para entender, a manera amplia, los procesos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje.  

Existe un claro consenso entre neurólogos en torno a dónde se desempeña la mayor parte del procesamiento lingüístico. Fue en 1914 cuando Derejine comenzó a hablar de un “área de lenguaje” existente en el cerebro: se trataba de “la región posterior inferior del lóbulo frontal izquierdo (área de Broca), la parte posterior superior del lóbulo temporal y parte del lóbulo parietal” (Ardila, Las Afasias, 2005, pág. 22). La propuesta de Derejine, complementada después por varios investigadores, consolidaría el enfoque localizacionista de las afasias del lenguaje, desarrollado por Broca en 1861 y Wernicke en 1874 y en honor a quienes se nombraron las áreas del cerebro que “contienen” el lenguaje. El consenso es, entonces, que “la actividad verbal depende del área perisilviana del hemisferio izquierdo” (Ardila, 2005, pág. 22). Sin embargo, la extensión del área del lenguaje, así como sus conexiones con otras áreas en el cerebro, ha sido controversial hasta la fecha (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016). Por ejemplo, Price (Hillert, 2014, págs. 186, citando a Price, 1999) comprobó que en tareas de traducción de una lengua a otra (específicamente entre alemán e inglés) se podía observar activación de regiones corticales fuera del área de lenguaje, como el cingulado anterior y estructuras subcorticales bilaterales; en otras tareas de traducción observó además activación del cerebelo, la ínsula izquierda anterior y el córtex motor suplementario. En casos de cambio de código (esto es, cambiar de una lengua a otra durante una conversación), vio activación en el área de Broca, pero también en el giro supramarginal bilateral (Hillert, 2014, págs. 187, citando a Price, 1999). Más recientemente, Ardila propuso que el área Brodmann 20 (que conforma el giro temporal inferior y el giro fusiforme) puede ser considerada un área marginal de procesamiento de lenguaje que participa en el “área extendida de Wernicke” (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016, pág. 1).  

Considerando las múltiples operaciones cognitivas que intervienen en la adquisición y procesamiento de lenguaje, no es de extrañarse que diversas partes del cerebro se encuentren involucradas dinámicamente. A continuación, se enumerarán y discutirán algunos de los mecanismos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje. Se abordarán los siguientes: neuroplasticidad, aprendizaje estadístico, desarrollo dependiente de la experiencia, afectividad y desarrollo de competencia pragmática. 


Neuroplasticidad y desarrollo neuronal 

Mucho se ha hablado de que existe un “periodo crítico” para la adquisición del lenguaje (y el aprendizaje de segundas lenguas), supuesto entre los 18 meses de edad y la pubertad de las personas. La noción del “periodo crítico” argumentaba la base biológica del lenguaje y fue defendida, especialmente, por Lenneberg. Él proponía que en el nacimiento ambos hemisferios del cerebro eran iguales, pero que a partir de los 18 meses de edad el hemisferio izquierdo se empezaba a especializar en las funciones del lenguaje y que este proceso terminaba en la pubertad, cuando esta especialización se “fijaba” (Elliot, 1983, págs. 23-24). Sin embargo, la noción del “periodo crítico”, que gozó de popularidad durante mucho tiempo, ya ha sido superada (Hillert, 2014, pág. 181), pues, una persona adulta también está en posibilidades de aprender lenguas nuevas sin problema alguno, aunque no de una manera tan “sencilla” como lo haría un niño. 

La neuroplasticidad es “la capacidad que el sistema nervioso tiene de modificarse a sí mismo, funcional y estructuralmente, en respuesta a la experiencia y a daños . . . la plasticidad es un componente clave en el desarrollo neuronal y en el funcionamiento normal del sistema nervioso” (Bernhardi, Bernhardi, & Eugenín, 2017). La neuroplasticidad va de la mano con el desarrollo neuronal de los niños ya que posibilita que el desarrollo, motivado biológicamente, se adapte a los estímulos del entorno. Es precisamente durante los primeros tres años de vida del niño que el desarrollo neuronal se da de una manera mucho más rápida que en cualquier otra etapa de la vida, por lo que toda la información que el niño obtenga en su experiencia durante ese periodo serán especialmente aprovechados para la adquisición del lenguaje.  

Aprendizaje estadístico

Uno de los mecanismos del que se vale el cerebro para “sistematizar” la información que recibe de su entorno es el aprendizaje estadístico. Desde una perspectiva biológica, el cerebro del ser humano está preparado para adaptarse a cualquier circunstancia cultural en la que nazca. En otras palabras, debemos asumir que una persona nace con la “capacidad” de aprender cualquiera de las 7,177 lenguas que existen en el mundo (Eberhard & Fennig, 2020). ¿Cómo se entera el bebé de qué lengua “le tocó” aprender? Escuchando muy activamente el lenguaje de sus padres, tan temprano como le es posible desde el vientre de su madre. Se ha demostrado, por ejemplo, que los bebés ya muestran preferencia por la voz de la madre y que incluso pueden discernir entre los sonidos de la lengua de su madre y sonidos de otras lenguas diferentes tan pronto como en los primeros 4 días de nacido (Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1998, pág. 356). Al nacer los bebés son sensibles a todos los sonidos de cualquier lengua; sin embargo, durante sus primeros meses de vida, ellos van fijando su atención solo sobre aquellos sonidos que sean relevantes en las interacciones con sus padres y otros cuidadores. Según estudios de Werker (citada en Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1999, pág 356-357) y de Kuhl (2011), entre los 8 y 10 meses de edad los bebés todavía pueden distinguir fonemas de lenguas que no corresponden con su lengua materna; pero para los 12 meses de edad esta habilidad comienza a desaparecer y para ese momento, los bebés ya desarrollaron una clara preferencia por el sonido de su lengua materna.  

Pues bien, tanto la diferenciación de fonemas de la lengua materna, como el posterior reconocimiento de palabras y enunciados se logra a partir de un aprendizaje estadístico: “mecanismos de aprendizaje dependiente de la experiencia extraen recurrencias estadísticas del entorno lingüístico y estas recurrencias se interiorizan como regiones de funciones especializadas” (Westermann, 2016, pág. 454) durante el desarrollo cognitivo.  

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Desarrollo dependiente de la experiencia

La calidad y constancia de los estímulos que recibe el niño serán fundamentales para su desarrollo y consecuente adquisición del lenguaje. En esto resulta clave el papel de los padres. Se ha comprobado cómo los adultos adaptan la complejidad y modulación de su lenguaje cuando le hablan a los niños; a este registro de habla se le ha denominado “motherese” o “baby talk” (Elliot, 1983, pág. 150). Lo que es más, se ha comprobado que esta forma de hablar progresa en complejidad de acuerdo a la edad del niño y sus capacidades, como producto de sus interacciones (Elliot, 1983, pág. 152). Pero hay otros factores que influyen sobre el input que reciben los niños. Si el bebé aprende con base en su experiencia y esta es constantemente enriquecida por sus progenitores y cuidadores, la calidad de vida y bienestar de estos últimos tendrán repercusiones directas sobre su desarrollo y adquisición de lenguaje. La clase social, nivel de educación, oportunidades de esparcimiento y otros factores resultan relevantes en este sentido. Por poner un ejemplo ilustrativo, en junio de 2013 el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, citó un estudio de Hart y Risley (2003) en un discurso para impulsar un programa de acceso universal y público a educación pre-escolar: “Sabemos que actualmente, durante sus primeros tres años de vida, un niño nacido en familia de bajos recursos oye 30 millones de palabras menos que un niño nacido en una familia acaudalada” (Erickson, 2015, pág. 213). El hallazgo de este estudio se conoce como “la brecha de las 30 millones de palabras” y, aunque es cierto que hay una diferencia en la clase de estímulos que reciben los niños por su condición social, la cantidad de palabras que escuchan ha sido ya muy cuestionada en críticas posteriores (Kamenetz, 2018; Pondiscio, 2019).  

A esto hay que sumarle el hecho de si el niño se desenvuelve en un ambiente monolingüe, bilingüe o multilingüe. En caso de estar en contacto con más de una lengua, el niño entonces contará con más estímulos que deberá organizar para darle sentido a sus experiencias y, con el tiempo, adquirirá competencia bilingüe. Hasta la fecha, existe un intenso debate dentro de la neurología sobre cuáles son las diferencias en el procesamiento de lenguaje de una persona bilingüe y una monolingüe. 

Afectividad

La afectividad es también una variable muy importante de considerar en la adquisición del lenguaje. El apego del niño con la madre, padre y cuidadores tiene un papel fundamental en su desarrollo. La calidad y constancia de estos vínculos afectivos sirven como aliciente que potencian mejores y más fuertes conexiones entre experiencia y base cognitiva de aprendizaje. Un ejemplo de ello es la propuesta de Borghi y Binkofski (2014) quienes señalan con su Teoría de las Palabras como Acción que la adquisición de palabras abstractas está cimentada en una valencia emocional. Ellos defienden la idea de que en la adquisición de palabras interviene una encarnación afectiva:  

La propuesta de la encarnación afectiva sugiere que tres tipos de información contribuyen al conocimiento semántico: sensoriomotora, afectiva y lingüística (Vigliocco et. al. 2009). Lo que finalmente divide las palabras abstractas de las palabras concretas es que las palabras abstractas dependen más de la información afectiva y emocional, y las palabras concretas dependen más de la información sensoriomotora. 

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 103

Desarrollo de la competencia comunicativa y pragmática

La relación entre lenguaje y acción es también muy importante en la adquisición del lenguaje. Sumado a su aprendizaje estadístico, el niño aprende la utilidad pragmática de las palabras al relacionar su uso con objetos y objetivos específicos, así como con actividades y contextos específicos, y someter sus hallazgos a prueba y error en interacciones sociales. Por ejemplo, Roy (2011) grabó las actividades de su hijo en su casa con cámaras colocadas en cada habitación durante todo el primer y segundo año de su vida. Mediante una transcripción que consideraba lo lingüístico, la temporalidad y la espacialidad, constató que la adquisición de palabras concretas está muy relacionada al contexto espacial y temporal en el que estas palabras son utilizadas por los papás y cuidadores en interacciones con el niño. O sea, las palabras se van adquiriendo en conjunto con la acción situada. Por otra parte, en la Teoría de las Palabras como Acción (Borghi & Binkofski, 2014) se plantea que

las palabras pueden ser consideradas como herramientas porque, tal como sucede con las herramientas físicas, estas nos permiten actuar en el mundo junto con y en relación a otros individuos; son herramientas sociales también porque son adquiridas y utilizadas en contextos sociales.

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 19.

Mediante esta teoría los autores explican la adquisición de palabras concretas y abstractas. El poder de acción de las palabras depende de sus funciones pragmáticas, habilidades que los niños van aprendiendo a partir de la retroalimentación y reacciones que reciben del otro.  

A lo largo de este artículo se revisaron algunos mecanismos que entran en juego en la adquisición del lenguaje, sin ser exhaustivo. Con esta revisión se ilustra cómo intervienen procesos de muy diversos niveles y complejidades que involucran cuerpo, mente, emociones, movimientos, estímulos, interacciones sociales, espacios y tiempo. Todo esto sin mencionar otros aspectos de las lenguas que están fuera del campo de lo neuropsicológico, como que están constituidas por componentes de diverso orden y articulación: fonemas, morfemas, palabras, enunciados, etc. No es de extrañarse que lo que se conoce como el área del lenguaje en el cerebro, no solo sea difícil de definir con plena certeza de sus límites, sino que además esté íntimamente conectada con muchas otras áreas especializadas del cerebro, pues estas conexiones son tan dinámicas como el proceso de recepción y producción del lenguaje mismo.  


Bibliografía 

Ardila, A. (2005). Las Afasias. Guadalajara, Jalisco, México: Universidad de Guadalajara. 

Ardila, A., Bernal, B., & Rosselli, M. (2016). How Extended Is Wernicke’s Area? Meta-Analytic Connectivity Study of BA20 and Integrative Proposal. Neuroscience Journal, 6. Recuperado el 20 de febrero de 2020, de https://www.hindawi.com/journals/neuroscience/2016/4962562/ 

Berko Gleason, J., & Bernstein Ratner, N. (1998). Language Acquisition. En J. Berko Gleason, & N. Bernstein Ratner, Psycholinguistics (págs. 347-407). Belmont: Thomson Wadsworth. 

Bernhardi, R. v., Bernhardi, L.-E.-v., & Eugenín, J. (2017). What is Neural Plasticity? En R. v. Bernhardi, J. Eugenín, & K. J. Muller, The Plastic Brain (págs. 1-15). Springer. 

Borghi, A. M., & Binkofski, F. (2014). Words as Social Tools: An Embodied View on Abstract Concepts. New York-Heidelber-Dordrecht-London: Springer. 

Eberhard, D. M., & Fennig, C. D. (2020). How many languages are there in the world? Recuperado el 23 de febrero de 2020, de Ethnologue: Languages of the world: https://www.ethnologue.com/guides/how-many-languages 

Elliot, A. J. (1983). Child Language. Cambridge-London-New York-New Rochelle-Melbourne-Sydney: Cambridge University Press. 

Erickson, M. (2015). Class War. London-New York: Verso. 

Hart, B., & Risley, T. R. (2003). The Early Catastrophe. American Educator, 4-9. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.aft.org/sites/default/files/periodicals/TheEarlyCatastrophe.pdf 

Hillert, D. (2014). The Nature of Language: Evolution, Paradigms and Circuits. New York-Heidelberg-Dordrecht-London: Springer. 

Kamenetz, A. (1 de junio de 2018). Let’s Stop Talking About The ’30 Million Word Gap’. Obtenido de NPR: https://www.npr.org/sections/ed/2018/06/01/615188051/lets-stop-talking-about-the-30-million-word-gap 

Kuhl, P. (octubre de 2011). The linguistic genius of babies. TEDxRainier. 2010. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.ted.com/talks/patricia_kuhl_the_linguistic_genius_of_babies 

Pondiscio, R. (6 de junio de 2019). Don’t Dismiss That 30 Million-Word Gap Quite So Fast. Obtenido de EducationNext: https://www.educationnext.org/dont-dismiss-30-million-word-gap-quite-fast/ 

Roy, D. (marzo de 2011). The birth of a word. TED. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.ted.com/talks/deb_roy_the_birth_of_a_word 

Westermann, G. (2016). Experience-Dependent Brain Development as a Key to Understanding the Language System. Topics in Cognitive Science, 8, 446-458. 

Publicado por Daniel Velázquez

Psicólogo de día y maestro de día también. Padre de 2 chiquillas que hablan muy fuerte. Experto en videojuegos y juegos de mesa, asesor de proyectos que combinan la tecnología y la neuropsicología.

2 comentarios sobre “Adquisición de lenguaje: los mecanismos que intervienen

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