El mito de la generación de cristal

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Cuando hablamos de las relaciones que se establecen entre los grupos generacionales que componen una sociedad, rápidamente somos asediados por estampas pintorescas. Solemos pensar que hay dos grandes generaciones que están destinadas a combatir por representar los intereses antagónicos de la novedad y la tradición; que los mayores siempre observan como rebeldes sin causa a los jóvenes y éstos como anacronismos vivos a los primeros.

Sin embargo, basta una mirada detenida para darse cuenta que ello no es así. Coincidencias, contradicciones, acuerdos temporales de intercambio de significados, resignificación de prácticas simbólicas, diálogo, pero también enfrentamientos discursivos sin tregua entre generaciones, son ingredientes que configuran buena parte de la vida cotidiana en una sociedad.

Hoy, podemos observar uno de esos fenómenos que nos hacen comprender que el comportamiento ínter generacional de una sociedad es mucho más complejo que el imaginario común existente sobre el tema: la aparición de un discurso de rechazo hacia la “generación de cristal”.


El término se emplea para referirse despectivamente a un creciente segmento poblacional cada vez más consciente de la necesidad de enarbolar la bandera del respeto a la diversidad como un imperativo para la convivencia social de nuestros días. Esta mentalidad obedece a múltiples factores que se presentan en diferentes esferas sociales. Entre ellos podría hablarse de la revolución en el mundo de las leyes por la consagración de los derechos fundamentales; la mejora paulatina de los sistemas educativos; pero sobre todo por el enorme horizonte de opciones de contenidos y formas de comunicación ofertados por Internet (y que gradualmente se disemina más debido a la expansión de la conectividad) que familiarizan más a los individuos con otras formas de entender la vida.

Sin embargo, existe también la otra cara de la moneda: mujeres y hombres quienes, anclados en los prejuicios sobre los cuales han cimentado su percepción del mundo, adjetivan como “generación de cristal” a quienes pugnan por respetar cada uno de los múltiples estilos de vida que coexisten dentro de nuestras sociedades.

Así, es común asistir en redes sociales a polémicas entre estas dos visiones del mundo, con sus respectivos matices, acerca de muchos temas: aborto, machismo, clasismo, xenofobia, identidades y preferencias sexuales, racismo, migración, entre otros. En la mayoría de los casos, estas polémicas surgen y se extinguen a los pocos minutos u horas; sin embargo, van consolidando la narrativa de “una generación” de espíritu débil que se queja por todo y de todos.

Pero dejémoslo claro: la generación de cristal es una entelequia, un fantasma depositario de los temores y odios más arraigados de individuos de todas las generaciones vivas de todos los países y continentes del mundo. La generación de cristal es un muro baldío pintado con la sangre frustrada del puño de quienes no entienden la libertad de autodeterminación.


Con el afán de simplificar la realidad para hacerla asequible a los propios horizontes mentales, se olvida que la evolución del conocimiento del ser humano se ha producido precisamente por la superación de esquemas conceptuales que se creían suficientes para explicar el funcionamiento del mundo. Piaget y su escuela aborrecerían tal terquedad.

Quienes condenan a “la generación de cristal” son la contradicción misma: buscan estabilidad en sus vidas como una especie de fijación inconsciente que pareciera recordarles la angustia de los errantes días del nómada; pero el nomadismo conceptual es una constante en la era de la globalización en la que viven, y de la cual se sirven cuando les conviene. Conceptos desaparecen, conceptos surgen o se reformulan todos los días, materializando en la selva de los signos aquello que Charles S. Peirce denominara la semiosis infinita.

Uno quisiera buscar un asidero. Uno quisiera ser como Descartes para hallar una piedra primera o verdad incuestionable que fuera nuestro refugio ante la ventisca de ideologías y estilos de vida que pueblan nuestro entorno. Pero incluso para el cristianismo, la narrativa aparentemente más estable de occidente, Jesús vino a este mundo a ajustar / abolir La Ley, declarando el arrepentimiento, que a final de cuentas es un cambio, como el inicio de una nueva vida. Entonces ¿por qué la rabia hacia quienes disienten de las formas en las que tradicionalmente construimos nuestra percepción de la diversidad? ¿No ameritarían éstas un cambio acorde a las nuevas realidades que se rehúsan a encajar en los moldes evanescentes de “la normalidad”?

Este odio hacia “la generación de cristal” trasluce el miedo a perder el control sobre las cosas que parecen estables en nuestro mundo. Es una preocupación casi primitiva; por lo mismo, es un odio que no puede ser asociado a un simple conservadurismo que añora tiempos pasados “porque fueron mejores”, sino que atraviesa cada capa socioeconómica, bando político, edad, sexo, incluso gente destacada en ámbitos académicos y científicos.

Disponible para terapias psicológicas en línea.

A despecho de estas personas, la sociedad avanza lentamente hacia la aceptación de la diversidad. Cada día se elevan nuevas voces que pugnan por respetar los derechos e integridad de grupos histórica o recientemente vulnerados y excluidos de la sociedad.

No es una generación específica, sino millones de personas que entienden que valorar la integridad de sus semejantes es un principio supremo que debe regir la vida cotidiana. Esta máxima implica cuestionar las prácticas normalizadas y discursos que, en la superficie o en el fondo, generan, difunden o perpetúan estereotipos hirientes para sectores poblacionales o, inclusive, hacia individuos concretos.

No se trata de hipersensibilidad; no se trata de vivir en burbujas en donde no exista la maldad. No se trata de corrección política. No se trata de un intento quijotesco que se sabe estéril. Se trata de hacer de la dignidad humana el valor fundamental que regule nuestro día a día.

Publicado por Nahum Chuil López

Licenciado en Literatura Latinoamericana, actualmente cursando maestría en competencias docentes. Profesor con 18 años de experiencia en bachillerato y universidad. Entre mis temas de interés se encuentran los movimientos sociales de reivindicación, el análisis del discurso político, la actualidad de la educación en nuestro país y, desde luego, la literatura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: