Gen Z: ¿Qué vas a ser de grande?

Michel Landa Puch
landapuchmichel@gmail.com

A todos nos preguntaron qué queríamos ser de grandes cuando éramos niños. Dependiendo de tu edad y contexto sociocultural, tú que estás leyendo esto quizá pudiste responder que querías ser bombero, contador, doctor, abogado, futbolista, ingeniero en sistemas, diseñador gráfico o youtuber. No es sorpresa que haya cambios en estas decisiones entre generación y generación, pues han surgido nuevos trabajos gracias al desarrollo tecnológico. A mí me habían hecho esa pregunta varias veces a lo largo de mi niñez y pubertad, pero no fue hasta el último año de secundaria que realmente comenzó a preocuparme, y no en mal sentido, sino que tuve realmente noción de la importancia que le tengo que dar a mi respuesta. Afortunadamente yo tomé mi decisión en ese tiempo, incluso antes de ser consciente de que realmente era la correcta para mí. Pero la pregunta siguió apareciendo en mi vida en la preparatoria, con letras cada vez más grandes y haciendo cada vez más eco, haciendo tambalear mi decisión. Comenzó a ser un tema de conversación frecuente con mis amigos y compañeros, hasta ser una de las primeras cuestiones que surgen cuando empiezas a conocer a alguien. Entonces me di cuenta de que había dos tipos de personas, y suena a meme pero no lo es, es de hecho, anécdota.

Para confirmar mi hipótesis, antes de empezar a escribir les mandé mensaje a amigos y compañeros, todos contemporáneos míos, preguntándoles acerca de su trayectoria para descubrir su vocación, y también les pedí que le hagan la misma pregunta a sus padres o algún adulto cercano. Entonces, lo confirmé, pues las posturas se encuentran divididas casi por mitad. Primero están las personas que desde muy temprana edad supieron qué era lo que querían, ya sea porque supieron específicamente qué carrera o la cambiaron ligeramente, pero dentro de la misma área, y siguen firmes en su decisión apuntando a su meta; a estas personas las admiro y las envidio por estar tan seguras de su decisión. 

Luego están las personas que representan poco más de la mitad, que les costó mucho escoger una carrera, personas que incluso a finales del cuarto semestre de preparatoria no estaban seguros de qué les motivaba o gustaba hacer y ya estaban siendo presionados para escoger materias optativas alineadas a un área de interés, como si al llegar a determinada edad todos alcanzaran simultáneamente el mismo nivel de madurez y autoconocimiento aun creciendo en contextos con condiciones familiares, económicas e ideológicas diferentes.

Antes de haber tomado mi decisión, honestamente cambiaba de opinión mínimo cada año, y me sentía culpable porque, cuando me llegaba el golpe de realidad, me daba cuenta de que no había tomado aún una decisión, que al parecer es de las más importantes de mi vida. Y nunca olvidaré la vez que escuché por ahí la frase “Los jóvenes no saben lo que quieren”, me dio un golpe justo en el centro de la cara y quebró mi seguridad.

Y no es algo nuevo, algunos padres de mis compañeros que muy amablemente respondieron a la pregunta dijeron haber tenido varios cambios de vocación incluso después de haber elegido su carrera. Y es que se toma la decisión en un intento de controlar el futuro, aunque se sabe que no se puede, y menos cuando lees esos cientos de artículos en internet que señalan que los trabajos del futuro aún no existen, pues los trabajos tradicionales que antes aseguraban una buena calidad de vida, hoy se encuentran saturados generando más competencia entre los egresados o están simplemente siendo desplazados. Mucho menos cuando pones las noticias y te enteras de que el mundo se está consumiendo y aquellas figuras de autoridad que enuncian que somos el futuro del país no están haciendo algo al respecto, y somos nosotros, los que nos quedaremos en este mundo unos años más, quiénes intentamos hacer algo…pero eso ya da para escribir otro artículo entero. 


Creo que todos somos el resultado de las vivencias y experiencias que tenemos, y nuestras decisiones dependen directa e indirectamente de eso. Me di cuenta de que la mayoría de los padres tomó su decisión bajo ciertas condiciones, no sólo porque antes existían campos de trabajo bien delimitados, sino porque precisamente esto era consecuencia de la manera en la que escogían su vocación. Por ejemplo, si crecían en una familia de doctores, lo más probable era que se dedicaran a eso, y no quiere decir que se hayan equivocado, su contexto los hizo ser amantes de la medicina. También, por otro lado están los que estuvieron condicionados a tomar su decisión por lo que su contexto económico les indicaba, como la disponibilidad de determinadas profesiones en su comunidad u optar por la que promete un mejor ingreso económico. Estos aspectos ponen en evidencia que no se le tomaba mucha importancia a la opinión del joven a la hora de elegir su vocación. Las personas concibieron la idea de trabajo como un medio para mantener o alcanzar cierto nivel de calidad de vida, que muchas veces ya estaba predestinado.

Hoy afortunadamente tenemos materias como Orientación Vocacional donde el sistema parece tomar más en consideración nuestro punto de vista porque al fin y al cabo se trata de nuestra vida. Quizá también porque un país con personas haciendo lo que les gusta tenga una mejor calidad laboral que personas que trabajan por dinero esperando a que lleguen las vacaciones.

Nos dicen que la decisión recae en nosotros y en lo que nos apasiona. En nosotros que, para bien o mal, crecimos en un mundo conectado, escuchando la música que hacía alguien en su habitación en un país al otro lado del mundo, viajando a través de una pantalla, escuchando historias de personas que hablan otros idiomas, y de alguna manera nos sentíamos identificados porque nosotros las escogemos. Como resultado no tenemos solo un modelo a seguir, una sola cosa que nos inspire; tenemos miles. Y puede ser que de todas esas solo una sea la indicada, una entre tantas. Creo que algunos se tardarán un poquito más para encontrarla. Aquí es cuando surge el mayor conflicto, pues nuestro sentido de conectividad no coincide con los estándares laborales de nuestro país. Algunos se encontrarán con que eso que les apasiona es concebido por no ser un trabajo serio, estable y bien pagado y optarán por dejar de alimentar esa habilidad en potencia. Por otro lado, surgen personas que simplemente no tienen una sola vocación predestinada, sino varias; por eso es que cada vez surgen trabajos más complejos que es difícil posicionarlos en una sola área, y son precisamente estos los que serán los más demandados en el futuro.

Nuestra generación se halla obligada a buscar un balance entre lo que le apasiona y lo que le promete un buen futuro para tomar una decisión, pero todo esto en medio de un proceso de transición en el que sentimos la presión de la generación anterior por irnos a la segura y donde las opciones disponibles son demasiado encasilladas para lo que promete el futuro del mundo laboral.

Sé que soy muy joven, pero también sé que por eso hablo por otros como yo y me dirijo a ellos, para que no tengan miedo de responder “No sé” cuando les pregunten qué quieren ser, porque está bien no saber, está bien tomarte el tiempo, está bien cambiar de opinión, o ¿acaso crees que un ser tan complejo nazca con la capacidad de tener solo un propósito en la vida?

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

Publicado por Michel Landa Puch

¡Hola! Mi nombre es Michel, soy una estudiante recién graduada de la preparatoria y aspirante a la licenciatura de Comunicación Social en la UADY. Tengo 18 años y en mi tiempo libre disfruto pintar, bailar, escuchar música y ver películas. Desde pequeña me he visto más interesada en el arte y en cualquier forma de expresión humana, por eso es que con el paso del tiempo me han llamado también las ciencias sociales. Estoy muy feliz de poder compartir mis ideas acerca de distintos temas de interés social que competen a los jóvenes a través de esta plataforma.

Un comentario en “Gen Z: ¿Qué vas a ser de grande?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: