Fervor arcano: soberbia y fe

Mariam Concha Avilés
concha.mariam.prepa10caucel@gmail.com

La pérdida de un ser querido me llevó a prometer ser catequista. Durante mis casi cuatro años enseñando, observando, escuchando y aconsejando a numerosos niños que acuden semanalmente a las sesiones catequéticas, he notado que la mayoría asistía a causa de la influencia de los padres. Algunos de los alumnos con los que pude convivir encontraban en ese edificio, en ese Dios, un método para salir de su dura realidad, de todos sus problemas y preocupaciones. Todos los dogmas existentes nos brindan un hogar, un espacio para liberarnos de nuestros pesares, sea cual sea la fe que profeses.

Por más de dos mil años, los humanos hemos sido testigos de un fenómeno prácticamente universal: la religión. Según la RAE, esta palabra se define como un conjunto de creencias acerca de la divinidad, sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta social e individual, prácticas rituales, principalmente la oración. Este simple término representa la inquietud de los escépticos, el tormento de los ateos y la esperanza de los creyentes.

¿Existe una religión que sea la “correcta”? La respuesta es sí, y es la que profesas. Te explico. Tomemos en cuenta que existen alrededor de cuatro mil religiones en el mundo; todas provienen de diferentes lugares, por lo tanto, de distintas culturas y costumbres. Por ejemplo, cuando te gustan unos zapatos, pero la persona de junto piensa que son horribles. Todos tenemos diversas opiniones y perspectivas de la realidad.

Pensemos ahora en las similitudes de las religiones, como en sus finalidades u objetivos: el judaísmo busca, a través de los diez mandamientos, una forma de vivir en paz con Yahvé y el prójimo; el hinduismo espera que sus seguidores pongan más atención en la riqueza espiritual y no en la material, ya que deben estar en paz para entrar correctamente a los lugares santos como el Nirvana, puesto que todos debemos vivir una y otra vez (pues creen en la reencarnación), pasando por un proceso de karma; en el cristianismo, lo principal es seguir las enseñanzas de Dios y su hijo Jesucristo, amar al prójimo y a su deidad, además de convivir en paz con todos; por último, el budismo incita a sus fieles a observar los principios morales, renunciar a lo material, practicar la meditación, cultivar la sabiduría, bondad y la compasión. ¿Te das cuenta? La mayoría, si no es que todos los dogmas, aspiran a una humanidad más moral y ética, alcanzar a su Dios y estar en armonía con terceros.

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Ganesha-Hinduismo

La religión es una de las herramientas que permiten al ser humano buscar y elaborar una explicación del mundo y la realidad. Debido a la variedad de credos, en México existe una ley que debemos seguir, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, título primero, capítulo uno: De los derechos humanos y sus garantías, artículo primero, párrafo 5:

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

“Toda persona tiene libertad para adoptar, profesar, divulgar o seguir, inclusive de cambiar, la creencia religiosa o filosófica que más le agrade o desee, y de practicar libremente las ceremonias religiosas, devociones, ritos, enseñanzas o demás actos del culto de su religión, ya sea en forma individual o colectiva, tanto en público como en privado, siempre que no afecte la dignidad de la persona o constituya o induzca a cometer algún delito o falta administrativa prevista en la ley.” (CNDH)

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Es verdad que durante la historia de la humanidad, ha habido innumerables guerras a nombre de la religión, pero ¿no es tiempo de cambiar eso? Teniendo este tipo de derechos y leyes, no solo en México, sino en todo el mundo, ¿por qué seguimos tirando odio y rechazando religiones que no nos parecen? ¿Qué tan difícil es aceptar la diversidad? ¿Qué tan prejudicial es saber respetar? Seas monoteísta, politeísta, no teísta o ateo, debemos aceptar las creencias de los demás, no sólo porque lo dice la ley, sino por simple humanidad, educación, empatía y respeto.

Muchas veces somos tentados a criticar algo que no conocemos ni de manera general. Cuando se habla de religión, pasa exactamente eso. Por ejemplo, ignoramos el hecho de que el judaísmo dio pie al cristianismo y éste al catolicismo. Estos credos, a pesar de tener mucho en común, siempre están en constante pelea, ¿por qué? Si las tres buscan una forma de vivir en paz con Dios y con el prójimo, ¿están siguiendo realmente su religión? ¿Están siendo empáticos? O simplemente no quieren escuchar y sólo ser escuchados.

Si para mí la verdadera religión es el judaísmo pero la tuya el islamismo, está bien; al final, la religión es una de las cosas que nos representan como individuos y de igual forma, un estilo de vida, una opinión. No podemos insinuar, aconsejar o incluso obligar a alguien a que crea en nuestra fe; sería como decir o pedirle a alguien que deje de practicar las costumbres y tradiciones de su nación, país, estado, ciudad o pueblo. Seamos conscientes del pluralismo religioso y comencemos a crear, poco a poco, una sociedad sin guerras, una en donde podamos profesar nuestras creencias con libertad, una tolerante y pacífica, una mejor.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

2 comentarios sobre “Fervor arcano: soberbia y fe

  1. Muy bien, pero siento que debería haber más respeto para los que somos ateos y qué nuestras mismas familias no intenten seguir insistiendo en que creamos y seamos fieles creyentes.

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