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Habla materna: ¿Hace daño hablar “chiqueado” a los niños?

Por más que alguien se resista a “simplificar” su habla y agudizar su tono de voz frente a un bebé, resulta que estamos biológicamente destinados a hacerlo.
Nadie nos enseñó cómo hablarle a los bebés, pero las madres tenemos la carga genética y biológica necesaria para saber cómo hablarle a nuestros críos y así llevarlos a que aprendan a comunicarse para sobrevivir. Instintivamente le hablamos “chiqueado” a los bebés.

Se le llama habla materna, motherese (maternés en español) o baby talk al habla que los padres o cuidadores dirigen a los bebés y niños pequeños. Esta forma de comunicación se distingue por un tono especialmente agudo y una simplificación gramatical de la lengua caracterizada por la predilección de frases y oraciones cortas, el uso de sustantivos concretos en lugar de abstractos o descripciones complejas, la selección de nombres propios y apelativos sobre pronombres, la formulación frecuente de preguntas breves, etc.

Mediante el motherese, el bebé desde que nace va aprendiendo muchos principios de interacción humana que asentarán las bases para su adquisición del lenguaje. Por ejemplo:

  • El bebé aprende a distinguir cuándo le hablan a él y cuándo no. Sabe que cuando las voces de sus cuidadores se hacen agudas, la interacción está dirigida hacia él y presta más atención.
  • Poco a poco, el bebé empieza a reconocer también lo que son los turnos de habla. Comienza a notar que, después de que se le dirige una cadena de sonidos con una entonación ascendente al final (las preguntas en el español, por ejemplo), se destina un momento de silencio para esperar una reacción de su parte. Así él empieza a entender que existe la expectativa de que él también participe activamente en la interacción.
  • Otra tarea muy importante que lleva a cabo el bebé mediante el motherese es la toma de estadísticas de los sonidos de la lengua de sus cuidadores. Naturalmente, ningún bebe nace sabiendo cuál es la lengua (de las más de 7 mil que existen en el mundo) que está destinado social y geográficamente a aprender. Por eso mismo, el bebé recién nacido es capaz de discernir todos los sonidos de cualquier lengua, pues todavía no está condicionado a preferir unos sonidos sobre otros. El bebé pudiera tener a su mamá hablándole en español, a su papá hablándole en inglés, a su hermano en francés y su niñera en alemán (por poner un ejemplo drástico), y él se dedicaría a tomar estadísticas de cada lengua, y, al poco tiempo, sabría perfectamente identificar cuál es cuál y relacionarla con la persona que la habla. ¿Cómo hacen esto los bebés? Cada vez que alguien les habla, especialmente la mamá, el bebé se fija en cuáles son los sonidos más frecuentes y dónde se encuentran estos en la cadena hablada con base en la entonación y las pausas. A esto se le llama aprendizaje estadístico. Este trabajo lo desarrolla todo el tiempo, desde que nace, de manera que, antes de haber cumplido su primer año, ya reconoce los sonidos de su lengua materna… pero ya no presta atención ni distingue tan fácilmente los sonidos de cualquier otra lengua. Hasta entonces el bebé ya fue predispuesto, socialmente hablando, a preferir la lengua que le es más familiar que cualquier otra.

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De esto se deduce que entre más se le hable al niño, mejor estimulación tendrá y más rápido podrá adquirir estos conocimientos.

Algo desaconsejable, sin embargo, es que una misma persona acostumbre a hablarle al bebé en 2 o más lenguas diferentes de manera arbitraria, pues esto dificulta su toma de estadísticas y le evita aprender contextos diferentes de interacción.

Entonces, ¿le hacemos daño a los bebés cuando les hablamos en motherese? No, pero… podría llegar un punto en el que sí.

Tal como estamos biológicamente programados para hablar motherese a los bebés, también lo estamos para ir aumentando la complejidad de nuestro habla según los avances que vaya mostrando el niño en su adquisición de la lengua. De forma inconsciente los adultos adaptan su motherese al habla del niño, y así, juntos, papás e hijos van colaborando en esta proeza que es el aprender a comunicarse e interactuar en sociedad.

Si uno de los cuidadores fallara en este gradual aumento de la complejidad de su habla hacia el niño, a este último le estarán faltando los estímulos apropiados para que siga avanzando en el desarrollo de su lenguaje. Un problema así podría ser notorio a partir de los dos años de edad del niño.

Antes de concluir, quiero hacer una aclaración. El motherese NO consiste en imitar al niño. O sea, si el bebé le dice “tete” a la leche, hablar motherese no es llamarle “tete” a la leche. El bebé produce la palabra “tete” a partir de escuchar frecuentemente la palabra “leche”. Si uno le empieza a hablar de “tete”, el niño se confunde porque asume que está escuchando una palabra nueva. Si llega a pensar que “tete” y “leche” son sinónimos y formas igualmente aceptables de la palabra, dejará de esforzarse por decir “leche” bien por un “pequeño” malentendido.

El motherese es una gran herramienta, entre muchas otras más no discutidas aquí, de las que se vale el niño para aprender, no solo a hablar, sino a interactuar y vivir en sociedad. Podemos estar tranquilos sabiendo que nuestra forma anormalmente aguda y simplificada de hablarle a nuestros niños no es una excentricidad, sino un mecanismo biológicamente programado que instintivamente usamos para consentir, amar y ayudar a nuestros hijos en su desarrollo.

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  1. Muy bien, pero siento que debería haber más respeto para los que somos ateos y qué nuestras mismas familias no…

Tutorial para configurar los controles parentales de iPhone y iPad

Liliana Lanz Vallejo
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¿Sabías que puedes controlar prácticamente cualquier función, aplicación y contenido en los dispositivos móviles de Apple gracias a su menú de Tiempo en pantalla? En este tutorial te enseño la ruta para configurar los controles parentales del iPhone o iPad que compartes con los niños en tu familia. Entérate de cómo:

  1. Fijar tiempos de uso para el celular
  2. Fijar límites de uso para cada aplicación
  3. Habilitar de manera permanente ciertas funciones, a pesar de los controles parentales
  4. Restringir todo tipo de contenidos, incluyendo páginas de internet, películas, series, libros, aplicaciones, compras y envíos de información.
  5. Decidir y programar que solo se permita el consumo de contenidos preseleccionados

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Fan fiction como forma de representación de la comunidad LGBTTTIQA+

Alexandra García Galván
alexandraggalvan@gmail.com

Harry Potter fue el comienzo de muchas cosas: mi iniciación con la lectura de novelas, mi inclinación hacia los idiomas al tener la posibilidad de cambiarlos en los DVDs, así como mi búsqueda de material nuevo en internet. Después de buscar teorías y encontrar pequeños detalles del próximo libro, alrededor de 2003, me encontré con la página de FanFiction.net, un portal en donde fans como yo subían las historias que ellos querían ver en los libros de J.K. Rowling o en donde decidían solucionar algunos aspectos de la trama que no les gustaban. La posibilidad de encontrar una historia que me agradara era de lo más posible y yo siempre me dedicaba a buscar sobre canon divergence —término que se verá más adelante— o sobre mi pareja sentimental favorita en ese entonces.

A lo largo de los años, y con el fin de la saga, decidí dejar los fics (diminutivo de fan fiction) de lado y comencé a leer libros de nuevo, pero cuando uno se encuentra en algún nuevo fandom (conjunto de aficionados), sin importar cuál sea, el fan fiction (texto escrito por seguidores, basados en cualquier tipo de trabajo de ficción) vuelve a surgir.

Ahora, ¿cómo llegó mi inquietud sobre este tema tan particular? Después de leer un fragmento del último libro del mago, la autora J.K. Rowling le anunció al mundo que uno de los personajes principales de su obra, Albus Dumbledore, el famoso director de la escuela y mentor del protagonista, era gay. Muchos alabaron la afirmación, incluyéndome. ¿El problema que no había considerado? ¡Esto jamás se vio en los libros! Nunca hubo alguna pista o indicación de que lo fuera.

Este es un problema que ha aparecido tanto en libros como películas y series de televisión, en donde se ha invisibilizado o mal logrado la representación de la comunidad LGBTTTIQA+. Sin embargo, me he dado a la tarea de analizar el problema de la representación en otra serie, The 100, que a pesar de haber disfrutado enormemente y considerarme fan de ella, no llegó al extremo de lo que el mundo de Harry Potter fue y, aunque tampoco me considero shipper (seguidor de una pareja romántica, esté dentro del canon o no) de la pareja, sí pude comprender la desilusión y enojo con respecto a cómo esta fue tratada.

Mi objetivo es entonces ver si una buena representación puede darse en el fan fiction cuando no se dio en el canon, haciendo una comparación de un fic con uno de los episodios de la serie.


La marginalización del colectivo LGBTTTIQA+ en los medios

Los medios de entretenimiento masivos en la televisión aún pueden llegar de manera más sencilla que el internet, y su poder es tanto que puede moldear a un individuo de una manera íntima y fundamental, como lo que dice Berardi (2017) sobre la mutación digital:

La mutación digital está invirtiendo la manera en la que percibimos nuestro entorno y también la manera en la que lo proyectamos. No involucra únicamente nuestros hábitos, sino que afecta, a la vez, nuestra sensibilidad y sensitividad.

Berardi (2017: 10)

Los jóvenes de la comunidad LGBTTTIQA+ están cansados de verse marginalizados; desean ver parejas de gays confesarse su amor, quieren ver a parejas de lesbianas formando una familia y que no se les considere personajes secundarios y que sus historias tengan relevancia como las historias de los personajes heterosexuales.

Según Tsai (2006), la exclusión de este tipo de material no permite que miembros jóvenes de la comunidad crezcan con modelos a seguir y con los cuales identificarse, siendo de por sí difícil para muchos de ellos el poder salir del clóset debido a la “estigmatización social de su identidad” (2006, p. 34).

Es entonces que fans y, más específicamente, jóvenes miembros de la comunidad LGBTTTIQA+ buscan darle sus propias interpretaciones a los personajes o eventos que ellos consideran “ausentes en el texto original” (Busse, 2017), encontrando una alternativa de lograrlo mediante el fan fiction, el cual es un género literario basado principalmente en el afecto: en el amor por la fuente, el deseo de seguirla en un contexto diferente por la molestia con las cosas que están mal hechas y por la satisfacción que se encuentra en las amistades y deseos en común que circulan en las comunidades de fans (2017, p. 75).

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The 100 en fan fictions

Para mi investigación comencé a buscar fics basados en series de televisión en donde se hubiera detectado una representación nula, escasa o mal lograda de la comunidad LGBTTTIQA+. Decidí enfocarme en una serie de televisión ya conocida y en donde ya había detectado un problema, The 100, de la cadena The CW de Estados Unidos.

The 100 sigue la historia de los pocos sobrevivientes humanos que deciden volver a la Tierra después de casi cien años en el espacio, topándose con la sorpresa de que el planeta sigue habitado. En la primera temporada no hay indicio de que alguno de los personajes pertenezca a la comunidad LGBTTTIQA+, pero más adelante, la inclusión del personaje de la comandante Lexa, quien es lesbiana, hace que se incluya una relación con la protagonista, Clarke Griffin, quien hasta esta temporada se sabe que es bisexual, ya que en la primera temporada mantuvo una relación heterosexual. Sin embargo, la relación sentimental de “Clexa”, derivado de los nombres de Clarke y Lexa, sufrió de un rompimiento abrupto justo después de que la pareja hubiera compartido sus sentimientos e incluso hubiera mantenido relaciones sexuales, dándose así el Bury Your Gays o Dead Lesbian Syndrome, un tropo literario obsoleto que no permite la continuación de la pareja para evitar respuestas negativas (Hulan, 2017).

Analicé un fic con el propósito de ver si cumplía con los requisitos de una buena representación. Este es del género canon divergence, es decir, aquel fic que se mantiene en el mismo contexto que en las historias originales, sin llevar a los personajes a mundos alternativos o que contengan combinación de fandoms. Para encontrarlo, me dirigí a otro portal de fan fiction llamado Archive of Our Own o AO3, ya que cuenta con más motores de búsqueda. Después de buscar con la etiqueta LGBT y encontrar resultados que no servían al propósito de este trabajo, decidí agregar la etiqueta Clexa, con lo cual pude encontrar una historia basada en el canon y con buena respuesta en cuanto comentarios.

Análisis de Something Worth Living For

Something Worth Living For es un fic escrito por la usuaria Letthesongtakeflight a partir de 2016 y hasta 2018, nacido a raíz del episodio en donde uno de los personajes de la comunidad LGBTTTIQA+ muere.

En el episodio original de la tercera temporada, “Thirteen”, antes de partir por caminos separados, Clarke y Lexa duermen juntas después de llegar a un acuerdo que podría evitar una guerra entre clanes, ya que ambas buscan llegar a la paz después de diferentes disputas que les han ocasionado bajas.

Esta no es la primera vez que el programa de televisión implica una escena LGBTTTIQA+, pero la diferencia es que esta vez se trata de una de las parejas que más quería verse en la pantalla chica en aquel momento, ya que son personajes femeninos fuertes y con liderazgo, además de que esto formaría una unión entre un personaje principal con uno secundario.

En el momento en que estos dos personajes se separan, Titus, quien no está de acuerdo por el tipo de alianza, decide dispararle a Clarke porque cree que pone en peligro a Lexa, pero este le dispara a Lexa por accidente y ella muere, a pesar de que ha habido heridas más aparatosas dentro del programa y que después de muchos esfuerzos sanan.

Sin embargo, en Something Worth Living For, la que resulta herida es Clarke, a quien logran salvar. Además, la historia avanza, no se queda estancada solamente en lo que es la relación romántica de ambas, sino que continúa con los elementos principales de la historia original en los primeros dieciséis capítulos.

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The Vito Russo Test

Para que una película o serie muestre una representación LGBTTTIQA+ correcta, debe pasar “The Vito Russo Test”, una evaluación creada por la Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación, (GLAAD, 2020, por sus siglas en inglés). Sus criterios son:

  1. El filme debe contener un personaje que se identifique como lesbiana, gay, bisexual, transgénero y/o queer.
  2. El personaje no debe definirse solamente por su orientación sexual o identidad de género.
  3. El personaje LGBTTTIQA+ debe estar vinculado a la trama de manera que su eliminación tenga un efecto significativo, lo que quiere decir que no se encuentra ahí solamente para proveer un escenario colorido. El personaje debe importar.

Sin embargo, el hecho de que se pase la evaluación no significa que la película o serie esté libre de problemas o que no tenga caracterizaciones o tropos ofensivos. En el caso de The 100, el personaje de Lexa, que es secundario, muere de una manera sencilla y fácil de olvidar en comparación a otras muertes dentro del programa.

¿Veredicto?

Something Worth Living For muestra el lado que pudo haber sido, una historia que pudo haber funcionado sin necesidad de quitar al personaje de Lexa, que elimina por default al ship Clexa, ya que ambos personajes se mantienen sin que ninguno cambie de forma de ser, como ocurre en diversos fics, ni pasa por un universo alternativo.

En la historia original, la “gente del cielo”, en donde Clarke pertenece, se encuentra enemistada por los “terrestres”, en donde Lexa comanda desde el inicio de la serie. Ahora, como la gente del cielo se está quedando sin comida, una parte de ella, liderada por el canciller Pike, decide atacar para apropiarse de las tierras de los terrestres y así llegar a cosechar comida.

Tanto Lexa como Clarke han luchado en episodios pasados para lograr una coalición junto con todas las tribus, incluyendo a la gente del cielo; pero las tradiciones de los terrestres y el miedo de la gente del cielo hacen que la llamada paz se vea muy lejana. Como los terrestres son atacados más adelante, Lexa decide entonces crear un bloqueo para que la gente del cielo no vuelva a traspasar las tierras que ellos necesitan para la siembra, diciendo que si lo hacen se enfrentarán a muerte. Como medida de prevención, Lexa le pide a Clarke que se quede de su lado pero ella decide irse para intentar hacer entrar en razón a su gente.

En Something Worth Living For se muestra cómo Clarke pasa por un proceso de recuperación después de que recibe el disparo, así como también muestra una unión más personal con Lexa. Ambas se declaran su amor incondicional pero también están conscientes del papel que juegan dentro de sus tribus. Las dos son líderes que deben mostrarle a su gente que las guerras no son la solución, por lo que Clarke, como lo planteaba la historia original, decide irse, logra llevar a cabo su cometido de convencer a su gente de que el canciller Pike está haciendo las cosas de manera incorrecta y regresa de nuevo al lado de Lexa.

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La historia original pudo haber seguido su curso, incluso siguiendo otra línea que no se plantea aquí debido a que no es relevante para los fines de este análisis. En la historia original se saca provecho de la muerte de este personaje secundario para precisamente darle más importancia a la segunda línea.

Siguiendo The Vito Russo Test, a pesar de que se trata de un fic, se puede observar que se cumplen las primeras dos características, en donde al tener relaciones sexuales es claro que el personaje de Clarke es bisexual y el personaje de Lexa se mantiene lésbico (ya que se menciona que su anterior pareja fue asesinada), y que los personajes, al no cambiar de personalidad, no se están definiendo solamente por su orientación sexual; el último punto se excluye porque no se está acabando con el personaje de la comunidad LGBTTTIQA+.

Modos de apropiación alternativa a los medios

La historia de Clexa se ve interrumpida de una manera drástica justo en el episodio central de su historia. Es entendible la decepción y el enojo de la comunidad al no poder verse representada en una serie proveniente de una cadena de televisión importante como lo es The CW.

Después de todas las malas críticas que enfrentó la producción, se notó un pequeño cambio en otra pareja, que comenzó a mostrar indicios más fuertes de su relación, pero no logró la atención que Clexa había logrado.

La manera en que los jóvenes deciden apropiarse del fan fiction es una reacción en donde se reflejan los deseos que quieren ver planteados en fuentes pertenecientes al canon, es decir, a lo que es válido y real dentro de la historia original. En sus historias se encuentran con personas que comparten gustos afines y estos a su vez alientan a los escritores a que continúen con aquello que pudo haber sido, ya de ahí incluso pueden nacer nuevas formas de verse representados, como con la creación de juegos de rol o fanart (ilustraciones) que pueden basarse en los textos leídos.

El fan fiction es una herramienta que no solo ayuda con el desahogo de estas personas, sino que es también un ejercicio escrito que los puede llevar a crear una historia original o, por qué no, una historia que llegue más allá de un libro, como viene siendo el caso de una serie de televisión, en donde por fin puedan ver plasmada su realidad incluso en un mundo de ciencia ficción.

Conclusión

A pesar de que hay más aceptación hacia la comunidad LGBTTTIQA+ en los últimos años, su representación en los medios de entretenimiento no ha llegado a una escala mayor. Al igual que las controversias dadas por la necesidad de ver personas de color o provenientes de otros países, este tipo de personajes pueden ser relegados a personajes secundarios o son utilizados para llamar la atención de la comunidad, creando ciertas artimañas visuales para atraer a ese tipo de público.

The 100 pudo haber logrado una buena representación de la comunidad LGBTQ+, pero optó por un final nada sano, dejando a aquellos fieles seguidores sin un atisbo de esperanza para sus personajes favoritos.

La buena representación de la comunidad es importante, sobre todo para aquellos que son jóvenes y que se encuentran buscando su lugar en el mundo, y qué mejor que usar un medio masivo al que ellos tengan acceso fácilmente. Clexa es un buen ejemplo para próximos programas de televisión sobre lo que NO debe hacerse con un personaje solo para crear impacto en la audiencia de manera negativa. Se deben buscar más maneras para que personajes importantes muestren su orientación sexual sin ser estereotipados y que aparezcan de manera natural, pero lo más importante, que no terminen dentro de la lista de personajes eliminados, ya que corren el riesgo de ser olvidados; aunque claro, hay personas que no olvidan y los mantienen vivos en sus fan fics. Sin embargo, ese no es el fin, sino que los personajes sean relevantes, importantes y que muestren su valía mientras vivan, para que esto proporcione más modelos de representación para la juventud y la comunidad en general.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria, licenciatura y posgrado pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

Bibliografía

(2020) GLAAD The Vito Russo Test. Recuperado de https://www.glaad.org/sri/2020/vito-russo-test el 18 de agosto de 2020 

Busse, K. (2017). Framing Fan Fiction: Literary and Social Practices in Fan Fiction Communities (1ª ed.). Iowa, Estados Unidos: University of Iowa Press.

Letthesongtakeflight. (2018) Something Worth Living For. Recuperado de https://archiveofourown.org/works/6200017 el 15 de agosto de 2020

Tsai, W. (2006) What Does It Mean to Be Gay in American Consumer Culture? Gay Advertising and Gay Consumers: A Cultural Studies Perspective. Doctorado. Universidad de Texas, Austin, Estados Unidos.

Una visión de la educación en México

Emiliano Vidal Tavera
emilianovidalt@gmail.com

La educación en México para muchos es una realidad sumamente polémica y para otros, un reflejo de la ineficiencia que el país viene arrastrando desde hace más de 50 años. Desde el punto de vista de un estudiante egresado de bachillerato, la educación en México podría ser descrita con el adjetivo de “ilusionista”. Considero que la herramienta principal para que una administración pueda dirigir sus objetivos hacia el desarrollo y cumplimiento de las promesas establecidas para mejorar el bienestar social de los ciudadanos dentro de una región en particular debe ser una educación digna, aquella que intente formar ciudadanos activos, críticos, responsables, empáticos, tolerables y respetuosos con la inmensidad de religiones, orientaciones y estilos de vida que se encuentran presentes y ocultos por considerarse injustamente “diferentes” ante la cotidiana normalidad.

Lo anterior, se encuentra establecido en el artículo 3° de la Carta Magna de nuestro país, el cual decreta que todo individuo sin excepción alguna tiene la oportunidad de recibir una educación laica, gratuita, y sobre todo digna, donde la ignorancia, fanatismos y prejuicios sean absolutamente excluidos de su formación y desarrollo humano.

¿Fanatismos, prejuicios? ¿No es eso aquello que hoy en día está destruyendo nuestra sociedad? ¿Cómo considerarnos un país con una educación de calidad, si hasta nuestros días se arremete contra aquellos que piensan o viven diferente a nosotros? En México te burlan por ser gay, lesbiana, bisexual, católico, budista y ateo. Le temen a lo que ellos mismos han catalogado como “diferente”, pero resulta interesante observar que, en nuestro país, todo lo nuevo e innovador que pueda presentarse para mejorar el bienestar de quienes integramos nuestra sociedad suele ser denominado como peligroso y con aires de atentar contra lo que la misma ciudadanía ha establecido como “normal”.

Vivimos en un país lejos de una educación laica, pues en cada aspecto establecido en los procesos civiles y gubernamentales a nuestra disposición se encuentran las raíces condicionales de un pasado católico que hoy en día se mantiene escondido entre la niebla de las ilusiones. Hasta nuestros días se sigue decidiendo bajo una perspectiva religiosa en nuestro país, votando y rechazando solicitudes para permitir o no privilegios civiles como la adopción y el matrimonio entre personas del mismo sexo, fomentando la desigualdad social en los organismos públicos y dando el mensaje a los más pequeños y jóvenes de la nación acerca de que la orientación sexual que ellos elijan deberá ser condicionada bajo las leyes mexicanas que, más que ofrecer una vida social digna para todos, tan sólo lo hace con una minoría, pues, como en el Porfiriato a finales de los años 1800 y principios de los 1900, sólo aquellos que cumplan con los requisitos sociales y políticos establecidos podrán gozar de las libertades que el gobierno les ofrezca, con la diferencia de que en pleno 2020 ya no es sólo la posición económica la variable a calificar, sino la identidad y sentir de la población.


En México no se percibe en nuestros alrededores una educación digna que nos lleve a un desarrollo paralelo con las grandes ciudades inteligentes del mundo, pues actualmente todavía se le tiene miedo a la tecnología. La educación informática se ha mantenido rezagada durante muchos años en los niveles de primaria y secundaria, ya que a los chicos de estos escalones educativos nunca se les ha implementado de manera adecuada la utilización y manejo de una computadora hasta que llegan al bachillerato, cobrándoles caro con la moneda del rezago cuando llegan a niveles educativos donde la exigencia profesional se vuelve más latente. Sumando este problema tecnológico con la extrema pobreza de algunas regiones de la República Mexicana, nos encontramos en un hoyo de incertidumbre que se abre cada día más conforme la vida digital avanza en las sociedades y pandemias como el COVID-19 limitan la interacción entre alumnos y profesores.

Nos encontramos ante un sistema educativo que además le tiene miedo a la educación sexual en sus aulas, donde prefieren que niñas en su proceso de desarrollo tomen la responsabilidad de un embarazo no planeado por la falta de preparación sobre estos temas que enseñarles la importancia, efectividad y riesgos de usar diversos métodos anticonceptivos o incluso legalizar alternativas como el aborto para no obstaculizar sus metas y objetivos personales. Miles de adolescentes no reconocen a simple vista una Infección de Transmisión de Sexual y por lo tanto no conocen el funcionamiento de su cuerpo y el del sexo opuesto, causando un desapego emocional sobre el sentir y percepción de los vínculos afectivos con otras personas. La pornografía se ha vuelto el maestros preferido de los jóvenes en esta clase llamada vida sexual.

Por otro lado, estamos ante una educación que alaba los hechos ocurridos en siglos anteriores por los héroes reconocidos de nuestra patria y libertad, los cuales nos dejaron para admirar y disfrutar los monumentos de un pasado que son reflejo de las acciones que permitieron las libertades y derechos que hoy en día disfrutamos o tratamos de disfrutar de forma igualitaria entre hombres y mujeres. México vive del pasado y anhela a héroes de los cuales se desconoce realmente su apariencia o existencia misma en algunos casos, pero que se necesitan como símbolos para seguir creyendo en la identidad cultural de nuestra nación, una identidad que no es sinónimo de piedras, madera, mármol y el oro de los castillos que ahora llamamos tesoros nacionales, sino de la fuerza para luchar por lo que muchos desean tener con el fin avanzar hacia el desarrollo de una sociedad que actualmente está lejos de ser equitativa.

En mi nación, la gente denota sentimientos negativos cuando nuestros hermanos mexicanos luchan y se arman de valor a favor de sus derechos y de quienes los rodean, pero al mismo tiempo muestran su apoyo hacia otros movimientos que se realizan en el extranjero, llenando de palabras de motivación y justificaciones racionales a las causas principales detrás del inicio de estos levantamientos sociales. Se nos inculca con orgullo el estudiar, admirar y reconocer las guerras del pasado que se realizaron a favor de nuestros privilegios sociales, pero se castiga injustamente a las actuales.


México tiene una educación ilusionista, ya que esta no plantea el objetivo de educar a los estudiantes ante los retos de la vida social y laboral del mundo exterior, sino tan sólo los prepara como máquinas que esperan su turno para producir ganancias y estadísticas en el día a día. No se preocupan por fomentar los valores y herramientas que hagan de los alumnos ciudadanos responsables, activos en las decisiones públicas del país y respetuosos ante el medio ambiente y las personas que los rodean. Las instituciones tan sólo se encargan de formar a los jóvenes con decenas de conceptos, fórmulas y ecuaciones para así crear decenas de abogados, doctores, maestros, contadores y arquitectos sin un gramo de humildad, empatía y pensamiento crítico sobre lo que ocurre dentro y fuera de las oficinas.

Se intenta promover la idea acerca de que “pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, pero hasta el día de hoy, decenas de personas siguen pensando que la política es sólo un concepto aplicado al voto cada tres o seis años, el cual debe mantenerse alejado de la atención de los jóvenes que, más que ser el futuro de nuestra nación, son el presente que se ha desarrollado bajo el debilitamiento del pensamiento analítico, además poco evolucionado en los asuntos electorales de nuestro país, los cuales terminan envolviéndonos de la misma forma en que lo hicieron con nuestros antepasados al inicio de nuestra vida como participantes en la aplicación del sufragio, empujándonos hacia las mentiras más trilladas y repetitivas de la democracia mexicana.

México necesita la promoción de una educación que sea aliada de la resolución de los problemas sociales que enfrenta nuestro país actualmente, en conjunto con la estructuración de materias que se apeguen a las necesidades y ritmos que los estudiantes puedan presentar en sus vidas cotidianas, en aspectos como: administración, contabilidad, ecología, sexualidad, nutrición, derecho, ciencias políticas, tecnología, lectura y redacción, así como su implementación como materias de un desarrollo gradual y no de “trámite” o requisito de un sólo semestre en las preparatorias, sino progresivo hasta el inicio de su vida profesional. Se necesita hacer una renovación en nuestro sistema educativo bajo una perspectiva crítica y objetiva, desprendiéndonos de las ideas que causen dependencia a diversas materias o programas educativos que, bajo una visión fuera de las escuelas, terminan siendo inservibles ante la inmensidad de situaciones que podríamos vivir en la dura película que representa la vida real.

La situación social de nuestro país se mantendrá estancada en esta trinchera de indiferencia hasta que en las escuelas se empiecen a construir diversos sistemas de aprendizaje basados en las necesidades de los profesores y estudiantes, quienes son los que realmente observan la gran decadencia de las instituciones actualmente.

No somos el futuro, somos el presente y, por lo tanto, no queremos seguir siendo una réplica generacional de las situaciones que se vivieron en el pasado. Queremos una educación que sea distinta a la que recibieron los niños del ayer, que no suelte una lágrima en los estudiantes del ahora y que no señale ni excluya a los niños del mañana.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

Tutorial para configurar los controles parentales en Netflix

Liliana Lanz Vallejo
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Con los niños pasando más tiempo que nunca en la computadora o sus aparatos electrónicos, la paternidad nos exige ahora convertirnos en expertos digitales, conscientes de los contenidos disponibles y las medidas cautelares que habrá de proteger a nuestros pequeños de los peligros en línea.

En este video tutorial les enseño de manera muy breve cómo sacar el mejor provecho de las herramientas que Netflix tiene para regular los contenidos mediáticos que consumen las niñas y niños en su plataforma.

Para ello, será necesario que cuentes con una computadora desde la que puedas acceder a tu cuenta de Netflix. Si no cuentas con una computadora, te recomendaría acudir a un café internet o pedir prestada una laptop de algún conocido o familiar por menos de 5 minutos.

He aquí el video. ¡Espero que les guste y, sobre todo, que les sea muy útil!

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Fervor arcano: soberbia y fe

Mariam Concha Avilés
concha.mariam.prepa10caucel@gmail.com

La pérdida de un ser querido me llevó a prometer ser catequista. Durante mis casi cuatro años enseñando, observando, escuchando y aconsejando a numerosos niños que acuden semanalmente a las sesiones catequéticas, he notado que la mayoría asistía a causa de la influencia de los padres. Algunos de los alumnos con los que pude convivir encontraban en ese edificio, en ese Dios, un método para salir de su dura realidad, de todos sus problemas y preocupaciones. Todos los dogmas existentes nos brindan un hogar, un espacio para liberarnos de nuestros pesares, sea cual sea la fe que profeses.

Por más de dos mil años, los humanos hemos sido testigos de un fenómeno prácticamente universal: la religión. Según la RAE, esta palabra se define como un conjunto de creencias acerca de la divinidad, sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta social e individual, prácticas rituales, principalmente la oración. Este simple término representa la inquietud de los escépticos, el tormento de los ateos y la esperanza de los creyentes.

¿Existe una religión que sea la “correcta”? La respuesta es sí, y es la que profesas. Te explico. Tomemos en cuenta que existen alrededor de cuatro mil religiones en el mundo; todas provienen de diferentes lugares, por lo tanto, de distintas culturas y costumbres. Por ejemplo, cuando te gustan unos zapatos, pero la persona de junto piensa que son horribles. Todos tenemos diversas opiniones y perspectivas de la realidad.

Pensemos ahora en las similitudes de las religiones, como en sus finalidades u objetivos: el judaísmo busca, a través de los diez mandamientos, una forma de vivir en paz con Yahvé y el prójimo; el hinduismo espera que sus seguidores pongan más atención en la riqueza espiritual y no en la material, ya que deben estar en paz para entrar correctamente a los lugares santos como el Nirvana, puesto que todos debemos vivir una y otra vez (pues creen en la reencarnación), pasando por un proceso de karma; en el cristianismo, lo principal es seguir las enseñanzas de Dios y su hijo Jesucristo, amar al prójimo y a su deidad, además de convivir en paz con todos; por último, el budismo incita a sus fieles a observar los principios morales, renunciar a lo material, practicar la meditación, cultivar la sabiduría, bondad y la compasión. ¿Te das cuenta? La mayoría, si no es que todos los dogmas, aspiran a una humanidad más moral y ética, alcanzar a su Dios y estar en armonía con terceros.

adorar, alabanza, celebración
Ganesha-Hinduismo

La religión es una de las herramientas que permiten al ser humano buscar y elaborar una explicación del mundo y la realidad. Debido a la variedad de credos, en México existe una ley que debemos seguir, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, título primero, capítulo uno: De los derechos humanos y sus garantías, artículo primero, párrafo 5:

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

“Toda persona tiene libertad para adoptar, profesar, divulgar o seguir, inclusive de cambiar, la creencia religiosa o filosófica que más le agrade o desee, y de practicar libremente las ceremonias religiosas, devociones, ritos, enseñanzas o demás actos del culto de su religión, ya sea en forma individual o colectiva, tanto en público como en privado, siempre que no afecte la dignidad de la persona o constituya o induzca a cometer algún delito o falta administrativa prevista en la ley.” (CNDH)

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Es verdad que durante la historia de la humanidad, ha habido innumerables guerras a nombre de la religión, pero ¿no es tiempo de cambiar eso? Teniendo este tipo de derechos y leyes, no solo en México, sino en todo el mundo, ¿por qué seguimos tirando odio y rechazando religiones que no nos parecen? ¿Qué tan difícil es aceptar la diversidad? ¿Qué tan prejudicial es saber respetar? Seas monoteísta, politeísta, no teísta o ateo, debemos aceptar las creencias de los demás, no sólo porque lo dice la ley, sino por simple humanidad, educación, empatía y respeto.

Muchas veces somos tentados a criticar algo que no conocemos ni de manera general. Cuando se habla de religión, pasa exactamente eso. Por ejemplo, ignoramos el hecho de que el judaísmo dio pie al cristianismo y éste al catolicismo. Estos credos, a pesar de tener mucho en común, siempre están en constante pelea, ¿por qué? Si las tres buscan una forma de vivir en paz con Dios y con el prójimo, ¿están siguiendo realmente su religión? ¿Están siendo empáticos? O simplemente no quieren escuchar y sólo ser escuchados.

Si para mí la verdadera religión es el judaísmo pero la tuya el islamismo, está bien; al final, la religión es una de las cosas que nos representan como individuos y de igual forma, un estilo de vida, una opinión. No podemos insinuar, aconsejar o incluso obligar a alguien a que crea en nuestra fe; sería como decir o pedirle a alguien que deje de practicar las costumbres y tradiciones de su nación, país, estado, ciudad o pueblo. Seamos conscientes del pluralismo religioso y comencemos a crear, poco a poco, una sociedad sin guerras, una en donde podamos profesar nuestras creencias con libertad, una tolerante y pacífica, una mejor.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

El retorno de Ulises a la nada

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Como toda película que se sale de los estándares del cine realizado para el gran público, “Ya no estoy aquí” ha generado una oleada de reacciones encontradas.

Y no es para menos. En las últimas semanas, a raíz de los cambios sociales traídos por la pandemia de COVID-19 en nuestro país, se ha manifestado con fuerza a través de las redes sociales una disputa entre dos imaginarios sobre la desigualdad socioeconómica en México: el meritocrático (el pobre es pobre porque quiere) y el de la desigualdad estructural. En esta intersección de imaginarios se halla la película dirigida por Fernando Frías.

No hay mejor lugar para percibir dichas reacciones encontradas que en las redes sociales. En éstas, las publicaciones y comentarios denotan una formación cinematográfica nutrida de telenovelas hechas película en las que la narrativa lineal y la ausencia de conflictos reales es el denominador común. De ello se desprende que este cine no dialoga con la realidad, sino que, fusionada a ella, monologa lugares comunes y plantea soluciones fáciles e inverosímiles a problemas complejos.

“Ya no estoy aquí” no ofrece nada de esto, sino la agudización paulatina de la crisis de identidad personal, familiar y social de Ulises, un adolescente vomitado por el sistema (como diría Eduardo Galeano), aderezada con piezas de cumbia colombiana y vallenatos resignificados en el contexto de la periferia de Monterrey; ciudad neurálgica para la economía del país, a decir del sector empresarial y otros que abogan por un Nortexit, y donde las pandillas y no la familia ni la escuela constituyen la instancia que brinda socio formación al individuo.

Así, la película elabora un retrato en mayor o menor medida crudo de un sector social cuyas oportunidades de salir adelante se ven disminuidas por la situación marginal y violenta en la que se encuentran. Premisa que hace eco de “Los olvidados” de Buñuel en pleno siglo XXI.

Justamente esta condición de marginalidad hace imposible que la educación se convierta en un vehículo de movilidad social, pues pareciera estar ajena a la realidad que experimentan los niños y adolescentes, quienes encuentran en las bandas la satisfacción a la necesidad de identidad colectiva y pertenencia que sectores sociales whitexicanizados de Monterrey (y de México en general) les han negado discursivamente y en la praxis, relegándolos a ser una manifestación folclórica anómala dentro de una ciudad  “próspera”.

Ulises combate en Estados Unidos contra sí mismo al ser incapaz, no ya de adaptarse al “American way of life”, sino de salvar del olvido la música, el baile y los amigos que hizo dentro de Los Terkos, banda a la que pertenecía cuando estaba en México, elementos con los que construyó su identidad individual y colectiva y que lejos de su hogar se presentan con mayor intensidad y nostalgia, como un último canto de cisne.

La película es tachada como lenta, sin trama, sin enamoramientos, y sin un personaje protagónico de peso. Sin embargo, estos comentarios que abundan en redes sociales son el resultado de la comparación entre “Ya no estoy aquí” y las películas del llamado nuevo cine mexicano creadas para satisfacer el gusto del gran público.

Más allá de los gustos personales, “Ya no estoy aquí” es una cinta que mueve a la reflexión acerca de las condiciones de marginalidad que posibilitan que los adolecentes vivan en ambientes en los cuales la influencia del crimen organizado puede orillarlos a conductas delictivas y de riesgo para su integridad física y psicológica.


Cinta “500 días con ella”, un reflejo de las relaciones juveniles

Emiliano Vidal Tavera
emilianovidalt@gmail.com

Hace dos años, mientras observaba las actualizaciones de mi muro de Facebook, descubrí una imagen que citaba correctamente un fragmento de la película producida por el director Marc Webb en el año 2009, “500 días con ella”, la cual trata acerca de la relación afectuosa entre dos chicos, Tom Hansen y Summer Finn, interpretados por los actores Joseph Gordon y Zooey Deschanel, respectivamente. La trama que se nos presenta es simple en primera instancia: Tom es un arquitecto que pasa sus días trabajando en una tienda de tarjetas de felicitación debido a su falta de oportunidades laborales. En un día rutinario conoce a Summer, una chica que empieza a trabajar como asistente de su jefe. El interés surge y con ello un aire de confusión, desesperación y felicidad en torno a los dos personajes. Toda la narración de la película se desarrolla desde la perspectiva de Tom, quien empieza a analizar el momento en el que las cosas empezaron a salir mal con Summer, después de que su corta “relación sentimental” terminara.

La primera vez que la mayoría vimos la película, pensamos directamente que la responsable y la “villana” de la trama no era nadie más que el personaje de Summer, ¿verdad? Esto se percibe así porque, durante toda la cinta, la historia se narra desde el punto de vista de Tom. Todos los escenarios, ambientes físicos y psicológicos están siendo demostrados desde la perspectiva del chico y nunca nos documentan cómo Summer se siente al respecto con su relación ni nos dan un trasfondo de la evolución del personaje en relación a los 500 días en que ellos conviven, a como sí sucede con el personaje masculino.

He tenido la oportunidad de observar que gran parte de mis conocidos sostienen firmemente el argumento de que la chica era la villana de la película alegando incluso como tesis clara a su análisis preliminar la idea de que en esta etapa de juventud en la que muchos estamos viviendo por lo menos debemos conocer y enamorarnos de una Summer en algún punto de nuestra vida. Después de meses de formular mi propia postura al respecto, he establecido que el efecto de esta idea es el resultado, no del desinterés de las mujeres hacia el sexo masculino, sino de la inmadurez que muchos varones pueden demostrar en el proceso de la construcción de vínculos amorosos.

¿De qué manera sucede esto? Muy sencillo; vamos a demostrarlo juntos analizando la actitud de Tom durante la película. Uno de los primeros problemas que notamos al comienzo de la cinta es que el chico se mantiene en una manía constante de idealizar a la mujer de sus sueños, y esto lo observamos incluso cuando empieza a convivir con Summer, ya que Tom nunca se toma la oportunidad de conocerla totalmente. Los hechos empiezan a transcurrir en un paralelismo de sus anhelos y sueños, ignorando por completo la idea de conocer a la chica de forma íntegra y nunca tomando en cuenta su opinión o necesidades en esos meses en los que ellos conviven.


La mente es un arma tan poderosa que nos permite en muchas ocasiones imaginar escenarios en donde gozamos de una felicidad eterna; idealizamos a personas y esperamos con ansias encontrar aspectos así en el mundo real. Cuando conocemos a alguien es común que al principio tengamos una idea previa sobre la actitud de dicha persona, es así que la mayorías de las veces nos decidimos a acercarnos a algunas, pues la curiosidad es la herramienta con la que el ser humano descubre y experimenta. Lo mejor de conocer a una persona empieza cuando nos desprendemos de esa idea o expectativa que teníamos acerca de ella y empezamos a entender la razón de por qué tiene días tristes o felices, pues comprendemos que lo mejor de interactuar con personas reales es que aprendemos más sobre nosotros mismos y vivimos en una suerte de imprevistos capaces de sorprendernos todos los días con algo nuevo. Tom convivió con Summer desde una aproximación superficial, olvidando por completo la idea de experimentar sus actitudes y los escenarios espirituales que ella podía ofrecer.

Uno de los motivos por los cuales el protagonista empieza a idealizarla como ser perfecto es la influencia cinematográfica que él experimenta desde muy pequeño, pues al inicio de la película se nos dice que la razón por la cual Tom vive en ese ambiente de estereotipos en relación al amor es por una errónea enseñanza que obtuvo después de ver la película del “Graduado”, drama de 1967 que demuestra firmemente que las acciones realizadas por un impulso de inconsciencia en la vida pueden generar arrepentimiento e incertidumbre en nuestros actos futuros. Tom no pone la suficiente atención a la escena final de ese filme y termina creyendo ciegamente en la idea de que los finales felices siempre existirán en el mundo real y que los sentimientos negativos como la duda y melancolía no tienen lugar en nuestra vida debido a que todo está destinado a ser, siempre que se hable del amor.

¿Cuántos de nosotros no hemos pasado por lo anterior? En gran parte de nuestra juventud hemos crecido con romances de televisión y cine, observando obras como “Love Rosie”, “El diario de una pasión”, “Big fish”, o incluso leyendo otras realizadas en siglos pasados como Orgullo y prejuicio”, “El amor en los tiempos de cólera”, “Rayuela”, entre muchas más, en las que frecuentemente nos tratan de transmitir la idea de que toda nuestra vida está dirigida por una fuerza capaz de emparejar y agrupar a dos personas que pudieran o no tener cosas en común, con el fin de conocerse y crear un vínculo amoroso que los llevará a un final feliz a corto o mediano plazo. Nos intentan dar a entender que nuestras acciones están orientadas gracias al famoso “destino”.

¿Qué es el destino? Muchos suelen describirlo como un motor inmóvil y otros como parte de una escritura divina que está dispuesta para encontrar a nuestra “media naranja”. Sinceramente, desde mi punto de vista, considero que el destino es un concepto creado a partir de la idea de romantizar las coincidencias terrenales que el hombre experimenta a lo largo de su vida, pues no hay nada más ideal para los romances juveniles que decir “estamos destinados a estar juntos” o “estábamos destinados a encontrarnos”. En la vida nada está escrito, por lo que, en cuestión a nuestra formación amorosa, todo está construido a partir de simples coincidencias. No por encontrar a una persona con gustos musicales similares a ti, en una tarde de lluvia en la terminal de camiones más cercana a tu escuela, significa que están destinados a conocerse o que ambos deben estar juntos sin importar nada. Recordemos que en el estudio del desarrollo humano, el destino se compone de tres aspectos muy importantes: el contexto, la herencia y la actitud, por lo que, en el desenlace de la vida, dependes tan sólo de tus propias acciones para guiarte al “final feliz” que tanto anhelas en tu interior.


El último punto se encuentra dirigido al término de la “media naranja”, el cual es un concepto que desde chicos se nos ha vendido como la idea de buscar a una pareja con el fin de complementarse uno al otro, algo que en mi perspectiva es muy erróneo. No complementes o seas el medio faltante para formar el entero. Ayuda a crecer, experimentar y aprender de los aspectos positivos de ambos, pues, ante todo, hay que reconocer que no hay persona que muera de soltería y que el primer paso para ser amado por otros es empezar por uno mismo sin depender de nadie más. Nadie te complementa, tú lo haces desde el primer momento en que aceptas lo mucho que vales. Tom desde el primer instante en que empieza su romance con Summer la ve como una persona esencial para su felicidad diaria e incluso llega a pensar que sin ella él no podría hacer y ser nada en el mundo. Esta idea lo hace cegarse en muchas de las situaciones en la que la chica le deja en claro que no busca nada serio y que no está interesada en una relación, justificando dentro de su mente que ella es la persona a la que tanto había esperado y que depende de ella para continuar su día a día.

Considero que al entender erróneamente el mensaje de esta película estamos viviendo la misma experiencia que Tom vivió con el “Graduado”, ya que en nuestro papel de adolescentes optamos por usar a la televisión, el cine y los libros de romance como únicos referentes para aprender acerca de las relaciones amorosas, el sexo o incluso el simple concepto del amor debido a la falta de fuentes para informarnos más a fondo sobre estos temas, generando numerosos anhelos, sueños y expectativas que contrastan negativamente con la realidad que vivimos día a día en el mundo. Los relatos de amor presentados en estas historias son ficción debido a que no buscan enseñar, sino ilusionar.


Mi conclusión con respecto a la trama de 500 días con ella” es que ni en la película como en la vida real existen un villano y una víctima en el amor, pues uno debe decidir en dónde y cuándo quedarse en los diferentes casos que la vida nos presente a lo largo de los años.

Hay que tener algo muy en claro: uno de los costos de las relaciones afectivas y del desarrollo dentro de una sociedad es que estamos expuestos a imprevistos que pueden cambiar nuestro camino en cualquier momento. Debemos comprender que durante gran parte de nuestro crecimiento como personas vamos a conocer a decenas de individuos, los cuales van a compartir muchas cosas en común con nosotros y que tan sólo serán un peldaño en el escalón que nos lleve hacia la madurez y el autorreconocimiento que tanto nos espera en un futuro.

No trates de hacer mimesis de los romances más famosos de los medios de comunicación, crea tus propias historias y tramas sobre lo que para ti es el concepto del amor, ya que el primer paso para encontrar una definición adecuada sobre este término es empezando a observar dentro de nosotros mismos y hacernos valer por lo que somos capaces de generar y compartir por este sentimiento.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

Gen Z: ¿Qué vas a ser de grande?

Michel Landa Puch
landapuchmichel@gmail.com

A todos nos preguntaron qué queríamos ser de grandes cuando éramos niños. Dependiendo de tu edad y contexto sociocultural, tú que estás leyendo esto quizá pudiste responder que querías ser bombero, contador, doctor, abogado, futbolista, ingeniero en sistemas, diseñador gráfico o youtuber. No es sorpresa que haya cambios en estas decisiones entre generación y generación, pues han surgido nuevos trabajos gracias al desarrollo tecnológico. A mí me habían hecho esa pregunta varias veces a lo largo de mi niñez y pubertad, pero no fue hasta el último año de secundaria que realmente comenzó a preocuparme, y no en mal sentido, sino que tuve realmente noción de la importancia que le tengo que dar a mi respuesta. Afortunadamente yo tomé mi decisión en ese tiempo, incluso antes de ser consciente de que realmente era la correcta para mí. Pero la pregunta siguió apareciendo en mi vida en la preparatoria, con letras cada vez más grandes y haciendo cada vez más eco, haciendo tambalear mi decisión. Comenzó a ser un tema de conversación frecuente con mis amigos y compañeros, hasta ser una de las primeras cuestiones que surgen cuando empiezas a conocer a alguien. Entonces me di cuenta de que había dos tipos de personas, y suena a meme pero no lo es, es de hecho, anécdota.

Para confirmar mi hipótesis, antes de empezar a escribir les mandé mensaje a amigos y compañeros, todos contemporáneos míos, preguntándoles acerca de su trayectoria para descubrir su vocación, y también les pedí que le hagan la misma pregunta a sus padres o algún adulto cercano. Entonces, lo confirmé, pues las posturas se encuentran divididas casi por mitad. Primero están las personas que desde muy temprana edad supieron qué era lo que querían, ya sea porque supieron específicamente qué carrera o la cambiaron ligeramente, pero dentro de la misma área, y siguen firmes en su decisión apuntando a su meta; a estas personas las admiro y las envidio por estar tan seguras de su decisión. 

Luego están las personas que representan poco más de la mitad, que les costó mucho escoger una carrera, personas que incluso a finales del cuarto semestre de preparatoria no estaban seguros de qué les motivaba o gustaba hacer y ya estaban siendo presionados para escoger materias optativas alineadas a un área de interés, como si al llegar a determinada edad todos alcanzaran simultáneamente el mismo nivel de madurez y autoconocimiento aun creciendo en contextos con condiciones familiares, económicas e ideológicas diferentes.

Antes de haber tomado mi decisión, honestamente cambiaba de opinión mínimo cada año, y me sentía culpable porque, cuando me llegaba el golpe de realidad, me daba cuenta de que no había tomado aún una decisión, que al parecer es de las más importantes de mi vida. Y nunca olvidaré la vez que escuché por ahí la frase “Los jóvenes no saben lo que quieren”, me dio un golpe justo en el centro de la cara y quebró mi seguridad.

Y no es algo nuevo, algunos padres de mis compañeros que muy amablemente respondieron a la pregunta dijeron haber tenido varios cambios de vocación incluso después de haber elegido su carrera. Y es que se toma la decisión en un intento de controlar el futuro, aunque se sabe que no se puede, y menos cuando lees esos cientos de artículos en internet que señalan que los trabajos del futuro aún no existen, pues los trabajos tradicionales que antes aseguraban una buena calidad de vida, hoy se encuentran saturados generando más competencia entre los egresados o están simplemente siendo desplazados. Mucho menos cuando pones las noticias y te enteras de que el mundo se está consumiendo y aquellas figuras de autoridad que enuncian que somos el futuro del país no están haciendo algo al respecto, y somos nosotros, los que nos quedaremos en este mundo unos años más, quiénes intentamos hacer algo…pero eso ya da para escribir otro artículo entero. 


Creo que todos somos el resultado de las vivencias y experiencias que tenemos, y nuestras decisiones dependen directa e indirectamente de eso. Me di cuenta de que la mayoría de los padres tomó su decisión bajo ciertas condiciones, no sólo porque antes existían campos de trabajo bien delimitados, sino porque precisamente esto era consecuencia de la manera en la que escogían su vocación. Por ejemplo, si crecían en una familia de doctores, lo más probable era que se dedicaran a eso, y no quiere decir que se hayan equivocado, su contexto los hizo ser amantes de la medicina. También, por otro lado están los que estuvieron condicionados a tomar su decisión por lo que su contexto económico les indicaba, como la disponibilidad de determinadas profesiones en su comunidad u optar por la que promete un mejor ingreso económico. Estos aspectos ponen en evidencia que no se le tomaba mucha importancia a la opinión del joven a la hora de elegir su vocación. Las personas concibieron la idea de trabajo como un medio para mantener o alcanzar cierto nivel de calidad de vida, que muchas veces ya estaba predestinado.

Hoy afortunadamente tenemos materias como Orientación Vocacional donde el sistema parece tomar más en consideración nuestro punto de vista porque al fin y al cabo se trata de nuestra vida. Quizá también porque un país con personas haciendo lo que les gusta tenga una mejor calidad laboral que personas que trabajan por dinero esperando a que lleguen las vacaciones.

Nos dicen que la decisión recae en nosotros y en lo que nos apasiona. En nosotros que, para bien o mal, crecimos en un mundo conectado, escuchando la música que hacía alguien en su habitación en un país al otro lado del mundo, viajando a través de una pantalla, escuchando historias de personas que hablan otros idiomas, y de alguna manera nos sentíamos identificados porque nosotros las escogemos. Como resultado no tenemos solo un modelo a seguir, una sola cosa que nos inspire; tenemos miles. Y puede ser que de todas esas solo una sea la indicada, una entre tantas. Creo que algunos se tardarán un poquito más para encontrarla. Aquí es cuando surge el mayor conflicto, pues nuestro sentido de conectividad no coincide con los estándares laborales de nuestro país. Algunos se encontrarán con que eso que les apasiona es concebido por no ser un trabajo serio, estable y bien pagado y optarán por dejar de alimentar esa habilidad en potencia. Por otro lado, surgen personas que simplemente no tienen una sola vocación predestinada, sino varias; por eso es que cada vez surgen trabajos más complejos que es difícil posicionarlos en una sola área, y son precisamente estos los que serán los más demandados en el futuro.

Nuestra generación se halla obligada a buscar un balance entre lo que le apasiona y lo que le promete un buen futuro para tomar una decisión, pero todo esto en medio de un proceso de transición en el que sentimos la presión de la generación anterior por irnos a la segura y donde las opciones disponibles son demasiado encasilladas para lo que promete el futuro del mundo laboral.

Sé que soy muy joven, pero también sé que por eso hablo por otros como yo y me dirijo a ellos, para que no tengan miedo de responder “No sé” cuando les pregunten qué quieren ser, porque está bien no saber, está bien tomarte el tiempo, está bien cambiar de opinión, o ¿acaso crees que un ser tan complejo nazca con la capacidad de tener solo un propósito en la vida?

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

El mito de la generación de cristal

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Cuando hablamos de las relaciones que se establecen entre los grupos generacionales que componen una sociedad, rápidamente somos asediados por estampas pintorescas. Solemos pensar que hay dos grandes generaciones que están destinadas a combatir por representar los intereses antagónicos de la novedad y la tradición; que los mayores siempre observan como rebeldes sin causa a los jóvenes y éstos como anacronismos vivos a los primeros.

Sin embargo, basta una mirada detenida para darse cuenta que ello no es así. Coincidencias, contradicciones, acuerdos temporales de intercambio de significados, resignificación de prácticas simbólicas, diálogo, pero también enfrentamientos discursivos sin tregua entre generaciones, son ingredientes que configuran buena parte de la vida cotidiana en una sociedad.

Hoy, podemos observar uno de esos fenómenos que nos hacen comprender que el comportamiento ínter generacional de una sociedad es mucho más complejo que el imaginario común existente sobre el tema: la aparición de un discurso de rechazo hacia la “generación de cristal”.


El término se emplea para referirse despectivamente a un creciente segmento poblacional cada vez más consciente de la necesidad de enarbolar la bandera del respeto a la diversidad como un imperativo para la convivencia social de nuestros días. Esta mentalidad obedece a múltiples factores que se presentan en diferentes esferas sociales. Entre ellos podría hablarse de la revolución en el mundo de las leyes por la consagración de los derechos fundamentales; la mejora paulatina de los sistemas educativos; pero sobre todo por el enorme horizonte de opciones de contenidos y formas de comunicación ofertados por Internet (y que gradualmente se disemina más debido a la expansión de la conectividad) que familiarizan más a los individuos con otras formas de entender la vida.

Sin embargo, existe también la otra cara de la moneda: mujeres y hombres quienes, anclados en los prejuicios sobre los cuales han cimentado su percepción del mundo, adjetivan como “generación de cristal” a quienes pugnan por respetar cada uno de los múltiples estilos de vida que coexisten dentro de nuestras sociedades.

Así, es común asistir en redes sociales a polémicas entre estas dos visiones del mundo, con sus respectivos matices, acerca de muchos temas: aborto, machismo, clasismo, xenofobia, identidades y preferencias sexuales, racismo, migración, entre otros. En la mayoría de los casos, estas polémicas surgen y se extinguen a los pocos minutos u horas; sin embargo, van consolidando la narrativa de “una generación” de espíritu débil que se queja por todo y de todos.

Pero dejémoslo claro: la generación de cristal es una entelequia, un fantasma depositario de los temores y odios más arraigados de individuos de todas las generaciones vivas de todos los países y continentes del mundo. La generación de cristal es un muro baldío pintado con la sangre frustrada del puño de quienes no entienden la libertad de autodeterminación.


Con el afán de simplificar la realidad para hacerla asequible a los propios horizontes mentales, se olvida que la evolución del conocimiento del ser humano se ha producido precisamente por la superación de esquemas conceptuales que se creían suficientes para explicar el funcionamiento del mundo. Piaget y su escuela aborrecerían tal terquedad.

Quienes condenan a “la generación de cristal” son la contradicción misma: buscan estabilidad en sus vidas como una especie de fijación inconsciente que pareciera recordarles la angustia de los errantes días del nómada; pero el nomadismo conceptual es una constante en la era de la globalización en la que viven, y de la cual se sirven cuando les conviene. Conceptos desaparecen, conceptos surgen o se reformulan todos los días, materializando en la selva de los signos aquello que Charles S. Peirce denominara la semiosis infinita.

Uno quisiera buscar un asidero. Uno quisiera ser como Descartes para hallar una piedra primera o verdad incuestionable que fuera nuestro refugio ante la ventisca de ideologías y estilos de vida que pueblan nuestro entorno. Pero incluso para el cristianismo, la narrativa aparentemente más estable de occidente, Jesús vino a este mundo a ajustar / abolir La Ley, declarando el arrepentimiento, que a final de cuentas es un cambio, como el inicio de una nueva vida. Entonces ¿por qué la rabia hacia quienes disienten de las formas en las que tradicionalmente construimos nuestra percepción de la diversidad? ¿No ameritarían éstas un cambio acorde a las nuevas realidades que se rehúsan a encajar en los moldes evanescentes de “la normalidad”?

Este odio hacia “la generación de cristal” trasluce el miedo a perder el control sobre las cosas que parecen estables en nuestro mundo. Es una preocupación casi primitiva; por lo mismo, es un odio que no puede ser asociado a un simple conservadurismo que añora tiempos pasados “porque fueron mejores”, sino que atraviesa cada capa socioeconómica, bando político, edad, sexo, incluso gente destacada en ámbitos académicos y científicos.

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A despecho de estas personas, la sociedad avanza lentamente hacia la aceptación de la diversidad. Cada día se elevan nuevas voces que pugnan por respetar los derechos e integridad de grupos histórica o recientemente vulnerados y excluidos de la sociedad.

No es una generación específica, sino millones de personas que entienden que valorar la integridad de sus semejantes es un principio supremo que debe regir la vida cotidiana. Esta máxima implica cuestionar las prácticas normalizadas y discursos que, en la superficie o en el fondo, generan, difunden o perpetúan estereotipos hirientes para sectores poblacionales o, inclusive, hacia individuos concretos.

No se trata de hipersensibilidad; no se trata de vivir en burbujas en donde no exista la maldad. No se trata de corrección política. No se trata de un intento quijotesco que se sabe estéril. Se trata de hacer de la dignidad humana el valor fundamental que regule nuestro día a día.

Contra la falsa estética de los cuerpos

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Nunca olvidaré a Julio, compañero de quinto de primaria. Hábil con el balón, gambetero, rápido. Me tocó marcarlo en aquella ocasión. No se animaba a pasarme, pero bailoteaba frente a mí con la pelota. Yo sabía la responsabilidad que tenía con mi equipo al estar en la defensa. Pero el partido y el recreo y mi vida se detuvieron cuando me vio a la cara y burlesco me dijo: “Tú no me das ni para el arranque, gordito”. No sé si “me llevó” o detuve su intento. A partir de ahí fui consciente de mi gordura. Y como dice Unamuno, la conciencia es una enfermedad del ser humano.

El sobrepeso ha sido una realidad en mi vida. Quienes me conocen desde la infancia saben que he transitado de la gordura a la “simple” complexión gruesa y viceversa a lo largo de los años. No me recuerdo delgado en algún momento de mi existencia.

Pero empiezo a rememorar, hasta que el recuerdo se vuelve difuso, las veces que el de la llantera me ha dicho gordo; que el de la tienda me dice flaquito, haciendo referencia a mi gordura; que los del stand up hacen chistes que por razones desconocidas terminan refiriéndose despectivamente a los gordos; que mi abuela me recibía después de meses sin verla con un “Ay, huero, ya engordaste”; que Martha Debayle puso de moda en horario estelar de radio el símil “no te dejes ir como gorda en tobogán” cuando una emoción excesiva puede llevarte al descontrol en algo.

Ahí está el quid del asunto. El gordo no puede mantener la boca cerrada, piensan. El gordo es indisciplinado, juzgan. El gordo es débil, acusan. El gordo no puede verse al espejo sin “darse cosa”, creen (¿ya notaron que “cosa” es anagrama de “asco”?). El gordo es un ser frustrado por no dominarse, opinan. El gordo es un riesgo para sí mismo, aseveran. El gordo es un enfermo; los gordos colapsarán el sistema de salud, repiten y repiten.

Quienes no soportan a los gordos suelen utilizar el discurso condescendiente de la salud: el gordo debe bajar de peso para ser sano. El discurso médico validado al servicio del odio; el discurso médico al servicio del control de los cuerpos “indisciplinados”, como plantearía Foucault.


Sin duda, los prejuicios irracionales más fuertes son aquellos que han logrado poner a su servicio al conocimiento científico. Pero quizá sorprenda saber que no es una ley inamovible que ser gordo acarree enfermedades crónico – degenerativas.

Entonces no. El asunto no es médico, es un odio que se disfraza de ciencia y buena voluntad. Es un odio hacia lo que no se ajusta a modelos estéticos socialmente validados de los cuerpos. Ideal difícil de alcanzar en una sociedad atravesada en todos sus sectores por la gigantesca industria de alimentos ultra procesados, la comida rápida y las bebidas azucaradas. Esa misma industria que lanza a Thalía y Ricky Martin en una cruzada para ordenarnos que amemos nuestro cuerpo. ¿Puedo amar mi cuerpo gordo si todos me han enseñado que soy un ser humano enfermo?

Y ese es justo el gran problema de la gordura: la percepción generalizada que se tiene acerca de su evitabilidad: si tuvieras buenos hábitos alimenticios; si no comieras por estrés; si no fueras un glotón; si no te gustara tanto la comida grasosa; si tomaras más agua; si hicieras más ejercicio; si… Ser gordo es la lucha infinita contra el subjuntivo con el rostro lleno de vergüenza por la tozudez e indisciplina de dejar a nuestro cuerpo hacer lo que quiere. Ser gordo es la pulverización del libre albedrío que te disocia de todos. Es por eso que el desprecio viene de todas partes.

El día de hoy, la convivencia social necesita una transformación fundamentada en el respeto irrestricto a todos los estilos de vida que no atenten contra la integridad de terceros. No se trata de romantizar la obesidad, sino de concientizar a la sociedad sobre el imperativo de respetar cualquier condición en que se encuentren los cuerpos de nuestros semejantes.

La aceptación del propio cuerpo es decisión personal, y no debería ser juzgada negativamente bajo ninguna circunstancia. La aceptación del cuerpo del otro es un imperativo para la sana convivencia que necesitamos para avanzar como sociedad.

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