Contra la falsa estética de los cuerpos

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Nunca olvidaré a Julio, compañero de quinto de primaria. Hábil con el balón, gambetero, rápido. Me tocó marcarlo en aquella ocasión. No se animaba a pasarme, pero bailoteaba frente a mí con la pelota. Yo sabía la responsabilidad que tenía con mi equipo al estar en la defensa. Pero el partido y el recreo y mi vida se detuvieron cuando me vio a la cara y burlesco me dijo: “Tú no me das ni para el arranque, gordito”. No sé si “me llevó” o detuve su intento. A partir de ahí fui consciente de mi gordura. Y como dice Unamuno, la conciencia es una enfermedad del ser humano.

El sobrepeso ha sido una realidad en mi vida. Quienes me conocen desde la infancia saben que he transitado de la gordura a la “simple” complexión gruesa y viceversa a lo largo de los años. No me recuerdo delgado en algún momento de mi existencia.

Pero empiezo a rememorar, hasta que el recuerdo se vuelve difuso, las veces que el de la llantera me ha dicho gordo; que el de la tienda me dice flaquito, haciendo referencia a mi gordura; que los del stand up hacen chistes que por razones desconocidas terminan refiriéndose despectivamente a los gordos; que mi abuela me recibía después de meses sin verla con un “Ay, huero, ya engordaste”; que Martha Debayle puso de moda en horario estelar de radio el símil “no te dejes ir como gorda en tobogán” cuando una emoción excesiva puede llevarte al descontrol en algo.

Ahí está el quid del asunto. El gordo no puede mantener la boca cerrada, piensan. El gordo es indisciplinado, juzgan. El gordo es débil, acusan. El gordo no puede verse al espejo sin “darse cosa”, creen (¿ya notaron que “cosa” es anagrama de “asco”?). El gordo es un ser frustrado por no dominarse, opinan. El gordo es un riesgo para sí mismo, aseveran. El gordo es un enfermo; los gordos colapsarán el sistema de salud, repiten y repiten.

Quienes no soportan a los gordos suelen utilizar el discurso condescendiente de la salud: el gordo debe bajar de peso para ser sano. El discurso médico validado al servicio del odio; el discurso médico al servicio del control de los cuerpos “indisciplinados”, como plantearía Foucault.


Sin duda, los prejuicios irracionales más fuertes son aquellos que han logrado poner a su servicio al conocimiento científico. Pero quizá sorprenda saber que no es una ley inamovible que ser gordo acarree enfermedades crónico – degenerativas.

Entonces no. El asunto no es médico, es un odio que se disfraza de ciencia y buena voluntad. Es un odio hacia lo que no se ajusta a modelos estéticos socialmente validados de los cuerpos. Ideal difícil de alcanzar en una sociedad atravesada en todos sus sectores por la gigantesca industria de alimentos ultra procesados, la comida rápida y las bebidas azucaradas. Esa misma industria que lanza a Thalía y Ricky Martin en una cruzada para ordenarnos que amemos nuestro cuerpo. ¿Puedo amar mi cuerpo gordo si todos me han enseñado que soy un ser humano enfermo?

Y ese es justo el gran problema de la gordura: la percepción generalizada que se tiene acerca de su evitabilidad: si tuvieras buenos hábitos alimenticios; si no comieras por estrés; si no fueras un glotón; si no te gustara tanto la comida grasosa; si tomaras más agua; si hicieras más ejercicio; si… Ser gordo es la lucha infinita contra el subjuntivo con el rostro lleno de vergüenza por la tozudez e indisciplina de dejar a nuestro cuerpo hacer lo que quiere. Ser gordo es la pulverización del libre albedrío que te disocia de todos. Es por eso que el desprecio viene de todas partes.

El día de hoy, la convivencia social necesita una transformación fundamentada en el respeto irrestricto a todos los estilos de vida que no atenten contra la integridad de terceros. No se trata de romantizar la obesidad, sino de concientizar a la sociedad sobre el imperativo de respetar cualquier condición en que se encuentren los cuerpos de nuestros semejantes.

La aceptación del propio cuerpo es decisión personal, y no debería ser juzgada negativamente bajo ninguna circunstancia. La aceptación del cuerpo del otro es un imperativo para la sana convivencia que necesitamos para avanzar como sociedad.

El impacto del uso de videojuegos en el desarrollo de las funciones ejecutivas

Daniel Velázquez Velázquez
daniel.velazquez.ser@gmail.com

Los videojuegos han sido una parte de la vida de las personas desde hace más de 40 años. Generaciones han crecido con la posibilidad de tener una experiencia de entretenimiento digital en muchas presentaciones distintas, incluyendo la proliferación de juegos portátiles a través de teléfonos celulares y tabletas. Es una tarea difícil encontrar una persona que no haya jugado en algún momento de su vida, sea Super Mario Bros., un juego actualmente disponible pero que salió en 1985 y que llegó a estar en casi 40% de los hogares en Estados Unidos, Fortnite, el juego en línea más jugado en el mundo con 250 millones de personas registradas según la base de datos de la compañía que lo produce, o Solitaire, aplicación que se incluye en Windows desde 1990.

La polémica gira sobre los beneficios y riesgos que hay detrás del uso de los videojuegos, específicamente en la niñez y la adolescencia. Asimismo, la crítica se extiende a la edad adulta, ya que la edad del jugador promedio se encuentra cerca de los 34 años en Estados Unidos, con 21% de los jugadores cerca de los 50 (Gough, 2020).

No hay duda de que la mayoría de los video juegos disponibles hoy son más complejos que aquellos que fueron desarrollados durante la década de los 1970s. Las primeras interfaces para los usuarios consistían en uno o dos botones y una palanca o cruz multidireccional. Actualmente, un control de consola o PC puede tener hasta 10 botones, cruz y 2 palancas multidireccionales. Esto solo nos habla del aspecto de memoria visual o destreza manual que requieren los juegos modernos (Johnson, 2006, pág. 227). Medir el impacto en funciones más complejas requiere un análisis más profundo que las interfaces físicas con las que se interactúa con el juego.

Funciones ejecutivas

El término de funciones ejecutivas es relativamente nuevo en el campo de las neurociencias. El “padre de la neuropsicología, Luria, se refería a tres unidades funcionales en el cerebro, el sistema de arousal-motivación, el sistema para recibir, almacenar y recuperar información y el sistema para programar, controlar y verificar información (Luria, 1973). Es este último el que se considera imprescindible para los diferentes procesos cognitivos como la flexibilidad cognitiva, planeación, autorregulación, monitoreo, memoria de trabajo y control inhibitorio (Ardila, et al. pág. 4).

La mejor definición de funciones ejecutivas se obtiene conceptualizándolas como un constructo psicológico; es algo que no podemos observar de manera directa, pero se puede inferir con base en comportamientos relacionados a los procesos mentales (Uttal, 2010, pág. 112). Esto abre la puerta a tener que precisar de manera clara, medible y observable aquellos comportamientos que puedan vincularse con dichos procesos, los cuales se consideran necesarios para funcionar de manera apropiada y responsable en situaciones cotidianas. En algunos casos clínicos se menciona que personas que han tenido alguna pérdida de capacidad cognitiva puede continuar siendo independiente y funcional mientras retenga las capacidades anteriormente descritas (Lezak, Howieson, & Loring, 2004).

Aunque sean procesos complejos de estudiar, se pueden distinguir unos de otros, aunque tengan factores en común. Estudios de neuroimágenes demuestran que el lóbulo frontal se involucra en mediar las funciones ejecutivas (Wager & Smith, 2003, págs. 241-242), mientras que se ha observado en otros estudios de tomografías de emisiones de positrones la activación de áreas comunes en el cerebro cuando se pide al sujeto realizar tareas que requieren de inhibición, actualización y cambio de tareas (Collette, y otros, 2005).


Estos términos son definidos por algunos autores como funciones ejecutivas frías y calientes. Las frías se refieren a habilidades como la atención, mantener y actualizar información en la memoria, inhibición de procesos inapropiados, flexibilidad cognitiva y monitoreo (Pérez-Pereira, Peralbo , & Valeiro, 2017). Los calientes están relacionados a contextos donde las emociones, motivación y tensión entran en juego para mediar la gratificación inmediata y futura, elemento prominente en los juegos de video.

En el campo de estudio relacionado a los videojuegos, lo que principalmente se evalúa son los beneficios en capacidades motrices y de aquellos relacionados a la memoria, así como aquellos que buscan hacer una conexión entre los comportamientos agresivos y el uso de juegos. La Organización Mundial de la Salud anunció en el 2015 que incluiría la adicción a los videojuegos como un trastorno psicológico; asimismo, la Asociación Psiquiátrica Americana propuso el trastorno en el 2013 para futuras revisiones del DSM 5 (Nielsen & Kardefelt-Winther , 2018). Estos eventos perpetúan un largo trayecto de sesgo en contra de, no solo estudiar los posibles beneficios de los videojuegos en el desarrollo, sino de crear un ambiente en donde quienes buscan evidencias de lo contrario cuestionen su propio sesgo y motivación de investigación.

Elementos cognitivos de los video juegos

En 1987 salió a la venta Zelda II: The Adventure of Link para el NES. El juego pedía visitar diferentes pueblos, obtener información de sus habitantes, navegar un mapa del mundo y encontrar secretos para poder vencer laberintos con enemigos distintos. Los elementos del juego se diferenciaron del anterior de manera radical, por lo que no fue tan bien recibido. Retaba a sus jugadores a combinar destreza y resolución de problemas de una manera poco conocida para ese tiempo.

Todos los juegos contienen elementos de aprendizaje. En el libro de What Video Games Have to Teach Us about Learning and Literacy, James Paul Gee (2007) habla sobre cómo aprender un juego es un proceso social como cualquier otro aprendizaje. Al jugar Zelda II, el jugador aprende un nuevo lenguaje que volverá a utilizar en otros juegos similares a ese. Es inevitable en este ejemplo no relacionar las funciones ejecutivas descritas previamente en el proceso de utilizar información previa y tomar decisiones que impactan escenarios en constante cambio, así como fijarse metas a corto, mediano y largo plazo, motivación y flexibilidad cognitiva.

Desde el dominio de las ciencias cognitivas podemos revisar un número de principios que se relacionan a cómo aprendemos y ejecutamos procesos metacognitivos. En el ejemplo anterior se postulaba que en un juego similar se pueden llegar a conclusiones parecidas de cómo vencer un obstáculo por una asociación semiótica de los contenidos. Una cuenta popular de Twitter muestra diferentes juegos que esconden algo detrás de fuentes naturales en el ambiente, por lo que jugadores han sido entrenados a identificar esos patrones y reconocerlos rápidamente porque llaman la atención y son críticos para mostrar dominio (Kress , 2004).

También disponible para terapias en línea.

Correlación entre videojuegos y funciones ejecutivas.

Desde los tiempos de Vygotsky y Piaget se han establecido que los juegos son esenciales para los procesos cognitivos y el desarrollo socio-emocional. Los videojuegos extrapolan habilidades que se relacionan con juegos tradicionales y los hacen alcanzables a personas de todas las edades (Mondéjar, Hárvas, Johnson, Gutierrez, & Latorre, 2016).

Cualquier actividad que se realice va tener un impacto en nuestro funcionamiento diario. Al ser una a la que personas le dedican un tiempo considerable, es crítico considerar sus efectos. Durante la cuarentena ocasionada por el COVID-19, el tiempo promedio de uso de juegos en la plataforma de computadora Steam incrementó considerablemente. 20 millones de usuarios se encontraban en la plataforma a mediados de marzo, un número récord para la compañía que la mantiene (Gough, 2020).

Muchos de los juegos que existen simulan actividades que se pueden hacer en la “vida real”. Juegos Fifa, Madden o MLB: The Show simulan sus respectivos deportes y son actualizados cada año. Otros como Rock Band o Guitar Hero dan la sensación de tocar instrumentos reales con reproducciones similares que se coordinan con la música que aparece en la pantalla. Unas horas con el juego y una persona que nunca ha jugado puede empezar a notar mejorías, una tarea de meta-aprendizaje que facilita el alternar de una tarea a otra y realizar ajustes minuciosos con poca anticipación (Bavelier, 2012).

Estudios de imágenes estructurales sugieren que jugar puede alterar la estructura del cerebro. En un estudio realizado con 20 participantes que jugaron el juego de estrategia de PC Rise of Nations durante 5-6 semanas por 1.5 horas cada sesión, se encontraron varianzas en la corteza prefrontal media, el cerebelo y el área somatosensorial (Basak , Voss, Erickson, Boot, & Kramer, 2011). La complejidad del juego viene en administrar un número de recursos en tiempo real, sin tener la posibilidad de pausar el juego, por lo que se deben tomar decisiones que midan las metas a desarrollarse con información limitada que va incrementando conforme avanza el juego.

El estudio anterior sugiere un punto de investigación continua y que tiene que ver con el tipo de juegos que son desarrollados, el diseño consciente de los elementos que integran los posibles beneficios y si ciertos géneros de juegos tienen un impacto positivo versus categorías que estén limitadas a beneficios en otras áreas como las mencionadas al inicio del texto, de destreza motora y memoria a corto plazo. De manera independiente, se debe considerar que cualquier beneficio puede ser reducido por el exceso de tiempo dedicado a la actividad. La inclusión de los criterios para diagnosticar la adicción a los videojuegos en futuras publicaciones apunta hacia evidencia que debe ser revisada de manera exhaustiva para confirmar los efectos postulados.


Conclusión

Los videojuegos son una fuerza cultural y económica con más de 50 años de historia detrás de ellos. En su representación fuera del capitalismo, pueden representar expresiones artísticas que dejan mensajes políticos, críticos y profundos. La mayoría, siendo de enfoque comercial, contienen elementos que buscan enganchar a las personas para seguir jugando, compitiendo con otros medios por el tiempo limitado de la sociedad.

Como cualquier medio que le antecede, su uso diario y constante influye en la manera en que apreciamos el mundo y crea un ciclo de retroalimentación donde el mundo es influenciado por generaciones de personas que han invertido su tiempo en distintos juegos. Fuera de descartar su impacto, se debe reconocer y canalizar hacia los potenciales que tienen como un medio interactivo que contiene características comparables, pero no igualables, con medios comparativamente pasivos en su uso y consumo.

La limitante actual es que se realicen estudios longitudinales que puedan acompañar el desarrollo a través del ciclo vital y que los juicios realizados reflejen un proceso de investigación completo y no uno enfocado en la tendencia del momento.

Bibliografía

Ardila, A., Fatima, S., & Rosselli, M. (2019). Dysexecutive Syndromes. Suiza: Springer.

Basak , C., Voss, M., Erickson, K., Boot, W., & Kramer, A. (2011). Regional differances in brain volume predict the aquisition of skill in a complex real time strategy game. Brain Cogn, 407-414.

Bavelier , D. (18 de abril de 2012). Ted. Obtenido de Your brain on video games: https://www.youtube.com/watch?v=FktsFcooIG8

Collette, T., van der Linden , M., Laureys, S., Delfiore, G., Degueldre, C., & Luxen, A. (2005). Exploring the unity and diversity of the neural substrates of executive functioning (Vol. 4). Human Brain Mapping .

Gough, C. (18 de abril de 2020). Statista. Obtenido de https://www.statista.com/statistics/1108322/covid-steam-users/

Johnson, S. (2006). Everything Bad is Good for You. New York : Riverhead Books .

Kress , G. (2004). Learning, a Semiotic View in the Context of Digital Communities. Digital Technology, Communities & Education, 15-39.

Lezak, M., Howieson, D., & Loring, D. (2004). Neuropsychological Assessement. New York : Oxford University Press.

Luria, A. (1973). The Working Brain. Londres : Penguin Books.

Mondéjar, T., Hárvas, R., Johnson, E., Gutierrez, C., & Latorre, J. (2016). Correlation between video game mechanics and executive functions through EEG analysis. Journal of Biomedical Informatics, 131-140.

Nielsen, R., & Kardefelt-Winther , D. (2018). Helping Parents Make Sense of Video Game Addiction. (C. Ferguson, Ed.) Video Game Influences on Aggression, Cognition, and Attention: Spinger.

Paul Gee, J. (2007). What Video Games Have to teach Us about Learning and Literacy . New York: Palgrave Macmillan.

Pérez-Pereira, M., Peralbo , M., & Valeiro, A. (2017). Executive Functions and Language Development in Pre-Term and Full-Term Children. En A. Benavides , & R. Schwartz, Language Development and Disorders in Spanish-speaking Children (págs. 4-7). Springer .

Uttal, W. R. (2010). The New Phrenology: The limits of localizing cognitive processes in the brain. . New York: MIT Press .

Wager, T., & Smith, E. (2003). Neuroimaging studies of working memory: A meta analysis (Vol. 3). Behavioral Neurosicence .

Filosofía oportuna: Nueva normalidad y vida digital

A tan solo 17 días de que la Organización Mundial de la Salud caracterizó la emergencia del COVID-19 como pandemia, la editorial ASPO sacó una compilación de pensamientos críticos de 15 filósofos contemporáneos, de los que destacan Slavoj ŽiŽek, Franco “Bifo” Berardi, Judith Butler, Byung-Chul Han, entre otros. Para el 28 de marzo 2020, Sopa de Wuhan estaba circulando en todas las redes sociales mucho más rápido que el coronavirus en las calles del continente americano. Ese día, México cumplía apenas 5 días de iniciada su Jornada de Sana Distancia y Estados Unidos iba ya para su duodécimo día de cuarentena. No sé ustedes, pero cuando yo veía que Sopa de Wuhan estaba en cada esquina del ciberespacio con una autoridad crítica tan de matter of fact, mientras que a la mayoría de nosotros apenas nos estaba cayendo el veinte de que estábamos en el punto de no retorno a la vida como antes la conocíamos, me sentía como una verdadera idiota. O sea, ¡para ellos el fenómeno de la pandemia y sus cambios en el mundo ya estaban conceptualizados! ¡Ya nos ofrecían marcos de referencia (como Kill Bill, en el caso de ŽiŽek)! Para unos, la pandemia solo venía a confirmar lo que ya nos habían estado diciendo en sus libros previos. Lo sentí como cuando alguien en Facebook publica un dato o acontecimiento que claramente lo ha dejado perplejo, y el primer comentario que recibe es algo así como “Se veía venir”.


Unos días después, en su reseña sobre Sopa de Wuhan titulada “El oportunismo del pensamiento crítico”, Christina Soto Van Der Plas destacó lo precipitado de esa compilación:

La filosofía requiere tiempo. No es un arma de vanguardia y de golpeo de primera línea, sino un decir que nos obliga a reflexionar sobre las verdades, sobre quiénes somos y estamos siendo en los acontecimientos actuales y pasados. Cuando nos apuramos a sacar una conclusión para opinar sobre una situación, que es lo más cómodo y no nos obliga a pensar o escuchar sin juzgar, frecuentemente nos precipitamos y reducimos lo ajeno a categorías que podemos comprender. Metemos lo que no sabemos qué forma tiene en las cajitas que ya guardábamos en el sótano de nuestra mente para acallar la incertidumbre.

Christina Soto Van Der Plas

Ya visto a meses de distancia, la publicación de esa compilación fue una tremenda irresponsabilidad. Tan solo en su primer texto, el pensador italiano Giorgio Agamben cuestiona severamente la gravedad del virus y afirma (ni siquiera lo sugiere, sino que afirma) que se trata de una invención del gobierno. Su texto fue precisamente el más adelantado, al ser redactado el 26 de febrero de 2020, hasta un mes antes de varios de los otros escritores de la compilación, y ¡a 5 días de haberse registrado el primer fallecido por COVID-19 en Italia!

Curiosamente, si lo leemos ahora, ninguno de esos autores escribiría de los temas que más nos preocupan en torno al coronavirus: las nuevas formas de trabajar, el desempleo masivo, la infodemia, la crisis de las instituciones educativas, el increíble empuje de la economía digital y los servicios de paquetería y reparto, el tele-gobierno de las conferencias diarias, la exacerbación de la vulnerabilidad de las minorías y un larguísimo etcétera.

Pues bien, Sopa de Wuhan reflejaría un impulso del escribir por ganar la palabra y del pensar desde una mirada de cuello de botella con toda la confianza que brinda el conocerse como filósofo consolidado. Lamentablemente, Sopa de Wuhan contribuiría más a la desinformación y paranoia que a una reflexión cautelosa que merece un fenómeno en su mero punto de ebullición.

Abril, mayo y junio de 2020 vería la emergencia de millones y millones de investigaciones, artículos, notas periodísticas y, ahora sí, reflexiones sobre el tema de COVID-19. A este día, se pueden encontrar 6,700 mil millones de entradas sobre COVID-19 en Google. Al 28 de marzo, solo se encontraban 622 millones, y para el 26 de febrero, poquito más de la mitad de eso, 381 millones. La pandemia ha cambiado tan drásticamente las circunstancias globales, que lo más probable es que reflexionaremos sobre este fenómeno décadas y décadas por venir.

Y ya existen esfuerzos muy destacables que han abonado a la discusión filosófica sobre la vida cotidiana en tiempos de pandemia. Un grupo de egresados de la carrera de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California publicó de manera independiente un ebook breve, en formato PDF, titulado Compilaciones filosóficas desde la frontera: Nueva normalidad y vida digital. En él escriben Erick Sepúlveda, Alejandra Córdova, Javier Alejo, Lucas Seamanduras, Evelyn Huerta, Alan Osuna y Alonso González.

Portada de Arnulfo León

Erick Sepúlveda, en su texto “El líquido de la rodilla o De las teorías de conspiración”, explica el papel que las teorías de conspiración han tenido en las consciencias de los conspiranoicos. Señala cómo la creencia en estas teorías actúa como un bálsamo para la incertidumbre al mismo tiempo que valida la desconfianza en las autoridades y concede, ya casi como beneficio añadido, una sensación de superioridad intelectual.

Javier Alejo, en “Plataforma, Nihilismo virtual y Nueva normalidad”, discute cómo la crisis económica y las dinámicas de la nueva normalidad nos ha acercado mucho más a las plataformas digitales, tanto para comprar y vender como para hacer un completo reflejo de nuestra vida pública en nuestras redes sociales-espejos.

En un texto muy divertido desde su título, “Garnachización Espontánea: lo que la época coronavírica se llevó”, Lucas Seamanduras compara la economía del tránsito en torno a los puesto de garnachas en la Ciudad de México con la economía del tránsito en torno al eje fronterizo de Tijuana. Ante la Jornada de Sana Distancia y posteriormente la “Nueva Normalidad”, plantea que la economía del tránsito está siendo desplazada por la gig economy como modelo imperante.

Los anteriores son solo algunos ejemplos de los textos que encontrarán en esta compilación. Necroperiodismo, la romantización del aislamiento, biopoder y los nuevos regímenes de vigilancia son otros de los temas desarrollados a lo largo de sus páginas.

Si bien el papel de la filosofía suele pasar desapercibido de la conciencia colectiva ante las crisis económicas y sanitarias, las circunstancias de la pandemia han producido cambios tan significativos y precipitados en nuestras formas de vida que exige nuevos paradigmas para pensar nuestra nueva realidad. La filosofía es precisamente la herramienta y la disciplina desde la cual hacerlo. Ante la pandemia paralela a la del COVID-19 de la infodemia, las teorías de conspiración y la ansiedad por lo que nos depara el mundo de mañana, el llamado a crear filosofía no podría ser más oportuno.

We need more women urban planners…

Dra. Maria Eugenia Encinas Moreno
vinci87240@gmail.com

We need more women urban planners… urbanistas, diseñadoras urbanas, arquitectas, ingenieras en transporte, mujeres que tomen decisiones en las ciudades o profesionales de cualquier género que sepan incluir.

Diseño urbano y urbanismo, en su página de Facebook.

Hace unos días hubo una gran discusión entre usuarios de Facebook y Twitter sobre este post. En él se plantea la necesidad de que las mujeres generen el espacio urbano adecuado para sus propias necesidades lo que generó gran molestia en la mayoría de los arquitectos (supongo hombres) que leyeron el post. Esto es un reflejo de la situación actual de la ingeniería y la arquitectura: una gran resistencia a incluir temas de género en la planeación de espacios urbanos.

Tradicionalmente, los espacios (arquitectónicos y urbanos) se diseñan tomando como base las medidas “ideales” establecidas en libros como el de Neufert (1936) o en modelos considerados sagrados como el modulor de Da Vinci o Le Corbusier. Como se puede observar, estas medidas ideales están basadas en el hombre blanco de 30 años, dejando de lado todos los demás usuarios del espacio: niños, mujeres, hombres de otras razas, personas con discapacidad y demás usuarios que no cumplen con los ideales del Renacimiento o de la época modernista, es decir, principios del siglo pasado.


Es por eso que las nuevas tendencias de la arquitectura a nivel mundial están proponiendo, entre otras cosas, un enfoque a la diversidad, buscando la inclusión de todos estos grupos que han estado excluidos y proponiendo poner en el centro del diseño a las personas que van a usar los espacios, y no solo desde las medidas de sus cuerpos, sino desde sus necesidades, trayectorias, prácticas y roles que desempeñan al usar ese espacio.

El espacio es construido socialmente (Lefebvre, 1968, 1972). El espacio urbano no es homogéneo, y es a partir de la identificación de las diferentes trayectorias y entidades heterogéneas que conviven en él, estableciendo relaciones, conexiones y asociaciones, que se puede comprender la forma en que se construye y reconstruye la identidad de dicho espacio y cómo esta identidad relacional se reproduce a través de la geografía (Massey, 1994, 2005).

Tristemente, la planeación urbana tradicional se ha centrado solo en el espacio construido y ha dejado de lado las necesidades de sus usuarios y rubros como la habitabilidad, la diversidad y la justicia socio-espacial (Blair, 1973; Hull, 1998; Fanstein, 2000; Watson, 2009). Las mujeres tienen trayectos diferentes; a pesar de las protestas de los arquitectos (quienes se obstinan en decir que el urbanismo no debería tener género y que la ciudad es neutra y demás), es cada vez más visible cómo las mujeres generalmente son las que tienen dos o más rutas antes de tomar la ruta a su trabajo (lo que no sucede con los hombres jefes de familia o mínimo con los que son tomados como base para diseñar los recorridos del hogar al trabajo).


La seguridad tampoco es igual para los hombres, base de la planeación, que para los miembros de otros grupos vulnerables. Como dice Ana Falú (2019), “Las mujeres queremos ser diferentes, pero no desiguales”.

Miedo a transitar calles oscuras, al acoso callejero, a tocamientos indeseados en el transporte público, a ser violadas. Estos son algunos de los temores que experimentan las mujeres de muchas ciudades del mundo. Las que viven en barrios informales sin electricidad, agua o saneamiento lo tienen peor. Para ellas es más difícil también encontrar empleos formales dignamente remunerados o alcanzar cuotas de poder en las instancias locales. La red global Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) estima que solo el 20% de los concejales y el 5% de los alcaldes del mundo son mujeres.

Alejandra Agudo, El País.

Cabe señalar también que esto no es cuestión de minorías, ya que las mujeres son más del 50% de la población, sino de ideologías que se ven reflejadas en la forma en que se diseñan las ciudades.

Ana Falú es un ejemplo de esta ideología emergente basada en la necesidad de repensar las ciudades desde una perspectiva de género para que sean más seguras y habitables para la población femenina. Ideología que encuentra una gran resistencia entre los arquitectos y los ingenieros, lo que es preocupante porque generalmente ellos son los que están a cargo de las ciudades. Esto refleja una gran necesidad de incorporar los procesos sociales al estudio de la ciudad, ya que son estos procesos los que hacen la diferencia entre dibujar (como se entiende ahora el diseño) y hacer ciudad.


La ciudad la hacemos todos los que la vivimos, los profesionales por tanto deben incorporar a la de ya estas vivencias a la planeación de las ciudades. La imagen de la carriola que no puede pasar por abajo del puente es solo una representación de tantos problemas que pasan las mujeres en los espacios urbanos y ¿quién mejor para decir qué necesitan que las mismas mujeres? La arquitectura y la planeación urbana deben evolucionar, esto no es una falta de respeto a los grandes maestros, a ellos se les respetará y considerará como siempre, dentro de sus contextos y lo que la arquitectura y el urbanismo necesitaban entonces; pero ahora estamos en un contexto y un momento diferente y es por esto que el enfoque debe cambiar y adaptarse al usuario: “El diseño debe adaptarse el usuario, no el usuario al diseño”, (frase que mis alumnos escuchan diez mil veces cada semestre).

Bibliografía

Blair, T. (1973). The Poverty of Planning London. Mac Donald Publishers.

Fainstein, S. (2000). New Directions in Planning Theory. Urban Affairs Review 2000; 35; 451. http://uar.sagepub.com/cgi/content/abstract/35/4/451

Hull, A. (1998). The Development Plan as a Vehicle to Unlock Development Potential? Cities 15 (5), 327–35.

Lefebvre, H. (1968). Le droit à la ville/Espace et Politique [ed. cast.: El derecho a la ciudad, trad. por J. González Pueyo, Península, Barcelona, 1973]

Lefebvre, H. (1972). La revolución urbana. Madrid: Alianza [edición original (1970) La Révolution urbaine, Paris: Gallimard].

Massey, D. (1994). Space, Place, and Gender. Polity Press in association with Blackwell Publishers.

Massey, D. (2005). For Space. Sage London.

Watson, V. (2009). The planned city sweeps the poor away…’: Urban planning and 21st century urbanization. Progress in Planning 72 (2009) 151–193, www.elsevier.com/locate/pplann

Adquisición de lenguaje: los mecanismos que intervienen

Daniel Velázquez Velázquez
daniel.velazquez.ser@gmail.com

La adquisición del lenguaje en los niños es un fenómeno fascinante del desarrollo. En los primeros tres años de vida, y sin necesidad de ninguna intervención escolarizada, ellos adquieren de manera orgánica la habilidad de formar frases con 2 o 3 palabras con coherencia sintáctica, conjugar verbos, y añadir, a un ritmo muy rápido, nuevas y muy novedosas palabras a su vocabulario que, además, saben aplicar de manera pragmática. Considerando la experiencia limitada que un menor de 3 años suele tener sobre el mundo, esto supone una verdadera proeza. A lo largo de este ensayo se describirán los mecanismos que se consideran más relevantes para entender, a manera amplia, los procesos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje.  

Existe un claro consenso entre neurólogos en torno a dónde se desempeña la mayor parte del procesamiento lingüístico. Fue en 1914 cuando Derejine comenzó a hablar de un “área de lenguaje” existente en el cerebro: se trataba de “la región posterior inferior del lóbulo frontal izquierdo (área de Broca), la parte posterior superior del lóbulo temporal y parte del lóbulo parietal” (Ardila, Las Afasias, 2005, pág. 22). La propuesta de Derejine, complementada después por varios investigadores, consolidaría el enfoque localizacionista de las afasias del lenguaje, desarrollado por Broca en 1861 y Wernicke en 1874 y en honor a quienes se nombraron las áreas del cerebro que “contienen” el lenguaje. El consenso es, entonces, que “la actividad verbal depende del área perisilviana del hemisferio izquierdo” (Ardila, 2005, pág. 22). Sin embargo, la extensión del área del lenguaje, así como sus conexiones con otras áreas en el cerebro, ha sido controversial hasta la fecha (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016). Por ejemplo, Price (Hillert, 2014, págs. 186, citando a Price, 1999) comprobó que en tareas de traducción de una lengua a otra (específicamente entre alemán e inglés) se podía observar activación de regiones corticales fuera del área de lenguaje, como el cingulado anterior y estructuras subcorticales bilaterales; en otras tareas de traducción observó además activación del cerebelo, la ínsula izquierda anterior y el córtex motor suplementario. En casos de cambio de código (esto es, cambiar de una lengua a otra durante una conversación), vio activación en el área de Broca, pero también en el giro supramarginal bilateral (Hillert, 2014, págs. 187, citando a Price, 1999). Más recientemente, Ardila propuso que el área Brodmann 20 (que conforma el giro temporal inferior y el giro fusiforme) puede ser considerada un área marginal de procesamiento de lenguaje que participa en el “área extendida de Wernicke” (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016, pág. 1).  

Considerando las múltiples operaciones cognitivas que intervienen en la adquisición y procesamiento de lenguaje, no es de extrañarse que diversas partes del cerebro se encuentren involucradas dinámicamente. A continuación, se enumerarán y discutirán algunos de los mecanismos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje. Se abordarán los siguientes: neuroplasticidad, aprendizaje estadístico, desarrollo dependiente de la experiencia, afectividad y desarrollo de competencia pragmática. 


Neuroplasticidad y desarrollo neuronal 

Mucho se ha hablado de que existe un “periodo crítico” para la adquisición del lenguaje (y el aprendizaje de segundas lenguas), supuesto entre los 18 meses de edad y la pubertad de las personas. La noción del “periodo crítico” argumentaba la base biológica del lenguaje y fue defendida, especialmente, por Lenneberg. Él proponía que en el nacimiento ambos hemisferios del cerebro eran iguales, pero que a partir de los 18 meses de edad el hemisferio izquierdo se empezaba a especializar en las funciones del lenguaje y que este proceso terminaba en la pubertad, cuando esta especialización se “fijaba” (Elliot, 1983, págs. 23-24). Sin embargo, la noción del “periodo crítico”, que gozó de popularidad durante mucho tiempo, ya ha sido superada (Hillert, 2014, pág. 181), pues, una persona adulta también está en posibilidades de aprender lenguas nuevas sin problema alguno, aunque no de una manera tan “sencilla” como lo haría un niño. 

La neuroplasticidad es “la capacidad que el sistema nervioso tiene de modificarse a sí mismo, funcional y estructuralmente, en respuesta a la experiencia y a daños . . . la plasticidad es un componente clave en el desarrollo neuronal y en el funcionamiento normal del sistema nervioso” (Bernhardi, Bernhardi, & Eugenín, 2017). La neuroplasticidad va de la mano con el desarrollo neuronal de los niños ya que posibilita que el desarrollo, motivado biológicamente, se adapte a los estímulos del entorno. Es precisamente durante los primeros tres años de vida del niño que el desarrollo neuronal se da de una manera mucho más rápida que en cualquier otra etapa de la vida, por lo que toda la información que el niño obtenga en su experiencia durante ese periodo serán especialmente aprovechados para la adquisición del lenguaje.  

Aprendizaje estadístico

Uno de los mecanismos del que se vale el cerebro para “sistematizar” la información que recibe de su entorno es el aprendizaje estadístico. Desde una perspectiva biológica, el cerebro del ser humano está preparado para adaptarse a cualquier circunstancia cultural en la que nazca. En otras palabras, debemos asumir que una persona nace con la “capacidad” de aprender cualquiera de las 7,177 lenguas que existen en el mundo (Eberhard & Fennig, 2020). ¿Cómo se entera el bebé de qué lengua “le tocó” aprender? Escuchando muy activamente el lenguaje de sus padres, tan temprano como le es posible desde el vientre de su madre. Se ha demostrado, por ejemplo, que los bebés ya muestran preferencia por la voz de la madre y que incluso pueden discernir entre los sonidos de la lengua de su madre y sonidos de otras lenguas diferentes tan pronto como en los primeros 4 días de nacido (Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1998, pág. 356). Al nacer los bebés son sensibles a todos los sonidos de cualquier lengua; sin embargo, durante sus primeros meses de vida, ellos van fijando su atención solo sobre aquellos sonidos que sean relevantes en las interacciones con sus padres y otros cuidadores. Según estudios de Werker (citada en Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1999, pág 356-357) y de Kuhl (2011), entre los 8 y 10 meses de edad los bebés todavía pueden distinguir fonemas de lenguas que no corresponden con su lengua materna; pero para los 12 meses de edad esta habilidad comienza a desaparecer y para ese momento, los bebés ya desarrollaron una clara preferencia por el sonido de su lengua materna.  

Pues bien, tanto la diferenciación de fonemas de la lengua materna, como el posterior reconocimiento de palabras y enunciados se logra a partir de un aprendizaje estadístico: “mecanismos de aprendizaje dependiente de la experiencia extraen recurrencias estadísticas del entorno lingüístico y estas recurrencias se interiorizan como regiones de funciones especializadas” (Westermann, 2016, pág. 454) durante el desarrollo cognitivo.  

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Desarrollo dependiente de la experiencia

La calidad y constancia de los estímulos que recibe el niño serán fundamentales para su desarrollo y consecuente adquisición del lenguaje. En esto resulta clave el papel de los padres. Se ha comprobado cómo los adultos adaptan la complejidad y modulación de su lenguaje cuando le hablan a los niños; a este registro de habla se le ha denominado “motherese” o “baby talk” (Elliot, 1983, pág. 150). Lo que es más, se ha comprobado que esta forma de hablar progresa en complejidad de acuerdo a la edad del niño y sus capacidades, como producto de sus interacciones (Elliot, 1983, pág. 152). Pero hay otros factores que influyen sobre el input que reciben los niños. Si el bebé aprende con base en su experiencia y esta es constantemente enriquecida por sus progenitores y cuidadores, la calidad de vida y bienestar de estos últimos tendrán repercusiones directas sobre su desarrollo y adquisición de lenguaje. La clase social, nivel de educación, oportunidades de esparcimiento y otros factores resultan relevantes en este sentido. Por poner un ejemplo ilustrativo, en junio de 2013 el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, citó un estudio de Hart y Risley (2003) en un discurso para impulsar un programa de acceso universal y público a educación pre-escolar: “Sabemos que actualmente, durante sus primeros tres años de vida, un niño nacido en familia de bajos recursos oye 30 millones de palabras menos que un niño nacido en una familia acaudalada” (Erickson, 2015, pág. 213). El hallazgo de este estudio se conoce como “la brecha de las 30 millones de palabras” y, aunque es cierto que hay una diferencia en la clase de estímulos que reciben los niños por su condición social, la cantidad de palabras que escuchan ha sido ya muy cuestionada en críticas posteriores (Kamenetz, 2018; Pondiscio, 2019).  

A esto hay que sumarle el hecho de si el niño se desenvuelve en un ambiente monolingüe, bilingüe o multilingüe. En caso de estar en contacto con más de una lengua, el niño entonces contará con más estímulos que deberá organizar para darle sentido a sus experiencias y, con el tiempo, adquirirá competencia bilingüe. Hasta la fecha, existe un intenso debate dentro de la neurología sobre cuáles son las diferencias en el procesamiento de lenguaje de una persona bilingüe y una monolingüe. 

Afectividad

La afectividad es también una variable muy importante de considerar en la adquisición del lenguaje. El apego del niño con la madre, padre y cuidadores tiene un papel fundamental en su desarrollo. La calidad y constancia de estos vínculos afectivos sirven como aliciente que potencian mejores y más fuertes conexiones entre experiencia y base cognitiva de aprendizaje. Un ejemplo de ello es la propuesta de Borghi y Binkofski (2014) quienes señalan con su Teoría de las Palabras como Acción que la adquisición de palabras abstractas está cimentada en una valencia emocional. Ellos defienden la idea de que en la adquisición de palabras interviene una encarnación afectiva:  

La propuesta de la encarnación afectiva sugiere que tres tipos de información contribuyen al conocimiento semántico: sensoriomotora, afectiva y lingüística (Vigliocco et. al. 2009). Lo que finalmente divide las palabras abstractas de las palabras concretas es que las palabras abstractas dependen más de la información afectiva y emocional, y las palabras concretas dependen más de la información sensoriomotora. 

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 103

Desarrollo de la competencia comunicativa y pragmática

La relación entre lenguaje y acción es también muy importante en la adquisición del lenguaje. Sumado a su aprendizaje estadístico, el niño aprende la utilidad pragmática de las palabras al relacionar su uso con objetos y objetivos específicos, así como con actividades y contextos específicos, y someter sus hallazgos a prueba y error en interacciones sociales. Por ejemplo, Roy (2011) grabó las actividades de su hijo en su casa con cámaras colocadas en cada habitación durante todo el primer y segundo año de su vida. Mediante una transcripción que consideraba lo lingüístico, la temporalidad y la espacialidad, constató que la adquisición de palabras concretas está muy relacionada al contexto espacial y temporal en el que estas palabras son utilizadas por los papás y cuidadores en interacciones con el niño. O sea, las palabras se van adquiriendo en conjunto con la acción situada. Por otra parte, en la Teoría de las Palabras como Acción (Borghi & Binkofski, 2014) se plantea que

las palabras pueden ser consideradas como herramientas porque, tal como sucede con las herramientas físicas, estas nos permiten actuar en el mundo junto con y en relación a otros individuos; son herramientas sociales también porque son adquiridas y utilizadas en contextos sociales.

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 19.

Mediante esta teoría los autores explican la adquisición de palabras concretas y abstractas. El poder de acción de las palabras depende de sus funciones pragmáticas, habilidades que los niños van aprendiendo a partir de la retroalimentación y reacciones que reciben del otro.  

A lo largo de este artículo se revisaron algunos mecanismos que entran en juego en la adquisición del lenguaje, sin ser exhaustivo. Con esta revisión se ilustra cómo intervienen procesos de muy diversos niveles y complejidades que involucran cuerpo, mente, emociones, movimientos, estímulos, interacciones sociales, espacios y tiempo. Todo esto sin mencionar otros aspectos de las lenguas que están fuera del campo de lo neuropsicológico, como que están constituidas por componentes de diverso orden y articulación: fonemas, morfemas, palabras, enunciados, etc. No es de extrañarse que lo que se conoce como el área del lenguaje en el cerebro, no solo sea difícil de definir con plena certeza de sus límites, sino que además esté íntimamente conectada con muchas otras áreas especializadas del cerebro, pues estas conexiones son tan dinámicas como el proceso de recepción y producción del lenguaje mismo.  


Bibliografía 

Ardila, A. (2005). Las Afasias. Guadalajara, Jalisco, México: Universidad de Guadalajara. 

Ardila, A., Bernal, B., & Rosselli, M. (2016). How Extended Is Wernicke’s Area? Meta-Analytic Connectivity Study of BA20 and Integrative Proposal. Neuroscience Journal, 6. Recuperado el 20 de febrero de 2020, de https://www.hindawi.com/journals/neuroscience/2016/4962562/ 

Berko Gleason, J., & Bernstein Ratner, N. (1998). Language Acquisition. En J. Berko Gleason, & N. Bernstein Ratner, Psycholinguistics (págs. 347-407). Belmont: Thomson Wadsworth. 

Bernhardi, R. v., Bernhardi, L.-E.-v., & Eugenín, J. (2017). What is Neural Plasticity? En R. v. Bernhardi, J. Eugenín, & K. J. Muller, The Plastic Brain (págs. 1-15). Springer. 

Borghi, A. M., & Binkofski, F. (2014). Words as Social Tools: An Embodied View on Abstract Concepts. New York-Heidelber-Dordrecht-London: Springer. 

Eberhard, D. M., & Fennig, C. D. (2020). How many languages are there in the world? Recuperado el 23 de febrero de 2020, de Ethnologue: Languages of the world: https://www.ethnologue.com/guides/how-many-languages 

Elliot, A. J. (1983). Child Language. Cambridge-London-New York-New Rochelle-Melbourne-Sydney: Cambridge University Press. 

Erickson, M. (2015). Class War. London-New York: Verso. 

Hart, B., & Risley, T. R. (2003). The Early Catastrophe. American Educator, 4-9. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.aft.org/sites/default/files/periodicals/TheEarlyCatastrophe.pdf 

Hillert, D. (2014). The Nature of Language: Evolution, Paradigms and Circuits. New York-Heidelberg-Dordrecht-London: Springer. 

Kamenetz, A. (1 de junio de 2018). Let’s Stop Talking About The ’30 Million Word Gap’. Obtenido de NPR: https://www.npr.org/sections/ed/2018/06/01/615188051/lets-stop-talking-about-the-30-million-word-gap 

Kuhl, P. (octubre de 2011). The linguistic genius of babies. TEDxRainier. 2010. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.ted.com/talks/patricia_kuhl_the_linguistic_genius_of_babies 

Pondiscio, R. (6 de junio de 2019). Don’t Dismiss That 30 Million-Word Gap Quite So Fast. Obtenido de EducationNext: https://www.educationnext.org/dont-dismiss-30-million-word-gap-quite-fast/ 

Roy, D. (marzo de 2011). The birth of a word. TED. Recuperado el 23 de febrero de 2020, de https://www.ted.com/talks/deb_roy_the_birth_of_a_word 

Westermann, G. (2016). Experience-Dependent Brain Development as a Key to Understanding the Language System. Topics in Cognitive Science, 8, 446-458. 

Desarrollando perspectiva: “La justificación machista hacia la violencia sexual”

La justificación machista hacia la violencia sexual


Nicole Diaz Meza, nicole.diaz@uabc.edu.mx
Adriana Ochoa López, adriana.ochoa.lopez@uabc.edu.mx
Ana Aylin Rodríguez Salazar, ana.rodriguez53@uabc.edu.mx
Anna Paulina Vázquez Ramos, vazquez.anna@uabc.edu.mx
***Este cartel es el producto de un trabajo de investigación desarrollado por estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California en el marco de la materia Análisis de discurso. Las estudiantes recibieron orientación teórico-metodológica para diseñar su investigación. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de las estudiantes.

Desarrollando perspectiva: “La complejidad de ser trabajador en tiempos de contingencia”

La complejidad de ser trabajador en tiempos de contingencia


Sthepany Sánchez Villa
ssanchez75@uabc.edu.mx

A continuación, se describirá una cadena de consecuencias desatadas a partir de que la OMS declaró el brote del virus SARS-CoV2 como pandemia. Actualmente México se encuentra en la Fase 3 de contingencia por el Covid-19, por lo cual se tomaron medidas extremas, como lo es el establecimiento de una cuarentena con el objetivo de contener la propagación del brote. Como resultado de esta, es evidente que se generarían grandes desventajas en la economía, ya que las empresas tendrían que adaptarse a nuevos funcionamientos acorde al bienestar de cada uno de sus empleados. Lamentablemente, muchas de las empresas no cuentan con los recursos necesarios para poder apoyar a sus empleados como ellos lo requieren y como consecuencia han recurrido medidas como el recorte de personal y disminución en los sueldos. Por otro lado, algunas empresas no han seguido del todo las indicaciones y continuaron su funcionamiento.

El objetivo de este ensayo es informar sobre las repercusiones laborales a causa del COVID-19, puesto que es importante estar al tanto de los inconvenientes a los que se está enfrentando actualmente la mayoría de la población debido a esta situación. Desgraciadamente, se ha incrementado la tasa de desempleo, pero uno de los más grandes problemas aquí es que los despidos se han dado sin fundamento alguno. Es importante mencionar que gran cantidad de los trabajadores no conocen sus derechos laborales, lo cual lleva a este tipo de injusticias en virtud de su desconocimiento. Por otro lado, este cambio sísmico en el mundo laboral no solamente ha traído consigo demasiadas dificultades monetarias para estos trabajadores, sino que también les ha generado estragos en su salud mental, provocándoles estrés, tristeza y posiblemente enojo, debido a la preocupación de la inestabilidad de sus empleos o a la falta de estos.

La flexibilidad y la precariedad laboral tiene un gran papel ante una pandemia, ya que en particular se hizo aún más presente la cuestión del recorte de personal debido a que la mayoría de las empresas tuvo que pausar sus labores, y por supuesto, no le convenía continuar remunerando a la gran mayoría de sus empleados, ya que tendrían grandes pérdidas monetarias. Por lo tanto, optaron por despedir a algunos trabajadores tal y como lo revela la encuesta ENCOVID-19 recientemente realizada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad EQUIDE (2020). A nivel hogar, 37.7% de los hogares de la ENCOVID-19 reportan que uno o más de sus integrantes perdió su empleo o alguna otra fuente de ingresos. En particular, abundan los despidos injustificados o aquellos en que las empresas señalan la contingencia sanitaria como su causa, que claramente no es una razón justa para un despido. Esta solo es una estrategia de las empresas para no salir tan perjudicadas ante esta crisis. Aunque, conviene señalar que principalmente las liquidaciones se dan en personas mayores o con algún tipo de discapacidad.

Al mismo tiempo se han modificado las jornadas laborales y por consiguiente los salarios. La EQUIDE (2020) registró que el 61.6 por ciento de los hogares entrevistados reportaron que su ingreso en marzo fue menor al de febrero de 2020. Pero es aquí donde se hace notoria una diferencia entre el recorte de sueldos entre los niveles educativos de cada empleado, ya que las personas en las que se hace más evidente la desigualdad monetaria son las de menor nivel académico.


Al examinar la proporción de hogares que reportaron pérdidas de ingreso en marzo respecto a febrero de 2020, se encuentra que 7 de cada 10 grupos domésticos de “clase media baja” (estratos AMAI “D” y “D+”) dijeron haber disminuido su ingreso. La reducción que tuvieron fue del 50 por ciento.

EQUIDE, 2020

Esto quiere decir que, lamentablemente, las personas más afectadas durante esta pandemia son las de clase media baja, ya que no solo es destacable el hecho de que siempre han contado con un sueldo menor que apenas les ayuda a cubrir sus gastos principales, sino que también se les ha recortado aún más el sueldo. Cabe destacar que su sueldo se ha recortado el 50 por ciento, ya que, por ejemplo, si antes estas personas con dificultad podían realizar sus pagos y vivir cómodamente (dentro de lo que cabe), ahora les debe ser mucho más complicado sobrellevar la situación.

Por otra parte, las empresas no cuentan con los recursos suficientes para manejar una situación de este tipo, dado que en muchos de los casos no les interesa el bienestar de sus empleados, sino mantener la empresa a flote. Desgraciadamente, los empleados que más han sufrido las repercusiones durante esta contingencia son los adultos mayores y personas con algún tipo de discapacidad. Como es el caso de Samuel, que argumenta que fue despedido sin una razón válida durante el primer trimestre del año a causa del COVID-19. “Y está bien, puedo entender que una empresa hace restructuraciones, pero me gustaría saber la razón de mi baja, porque solo así, es hasta discriminatorio” (González, 2020). Estas instituciones están tomando como justificación de despido el coronavirus.

Por otro lado, es necesario resaltar la ineficiencia de las empresas, puesto que no se toman suficientes medidas para prevenir contagios. En concreto, existen empresas que incumplen con el cierre de funcionamiento debido a la contingencia. Como es el caso de Elektra, Autofin e Hyplasa, tal y como lo informó la titular del Trabajo y Previsión Social (STPS). 


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Tenemos a Grupo Elektra en diferentes partes del país, con más de 10 mil trabajadores, es un centro de trabajo no esencial que se niega al cierre. Tenemos el caso de Autofin aquí en la Ciudad de México, se dedica a la venta de autos que no es esencial.

Luján, 2020.

Claramente, el funcionamiento de estas empresas no es esencial, como es el caso de supermercados y farmacias. En relación con la ineptitud por parte de las empresas, conviene poner énfasis en el manejo de las medidas preventivas de contagio, en vista de que muchas de estas instituciones no están tomando las suficientes precauciones. Algunas de las irresponsabilidades se deben a que no se aseguran de que sus empleados estén siguiendo las normas sanitarias que se establecieron, como lo son el uso de cubrebocas, lavado constante de manos, mantener el espacio de trabajo limpio, etc., lo que quizás esté empeorando la propagación del coronavirus, pues los trabajadores continúan laborando como de costumbre y se exponen diariamente al contagio y, como resultado, más personas se enferman y contagian a otras, que en los peores casos, este tipo de negligencias llevan a la muerte a las personas más vulnerables.

Asimismo, el desconocimiento de los empleados sobre sus derechos laborales es una triste realidad; varios de los trabajadores desconocen los derechos de los que gozan. Esto se hace aún más visible ahora, pues en la mayoría de los casos las empresas no les informan a sus empleados sobre sus derechos laborales, pero lamentablemente, los trabajadores tampoco indagan sobre cuáles son sus derechos y mucho menos sobre sus derechos ante esta pandemia. Muchos de estos trabajadores se han conformado con el recorte de sueldo y otros con su despido injustificado. Por ejemplo, está en contra de tus derechos como empleado que se modifique tu sueldo de manera escrita, es decir que tú firmes estando de acuerdo con que así sea.

Por lo que se refiere a esta crisis, también se debe considerar el empleo informal. Los empleos informales ofrecen una oportunidad a personas que no cuentan con los requisitos para postularse en un empleo formal y supone una gran opción para contribuir económicamente en sus hogares.  En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) del 2016 (INEGI, 2019), la tasa de informalidad laboral alcanza cerca de 60% de la población ocupada, aunque se observa una significativa variación entre entidades federativas y periodos en los últimos años. De manera que gran parte de la población actualmente está enfrentándose a grandes problemas económicos, además de que cabe recordar que estos tipos de empleos no cuentan con algún tipo de seguro médico, por lo tanto estas personas se encuentran en una gran desventaja. Además, si bien se sabe, estas personas viven al día, con angustia porque probablemente llevan varios meses sin trabajar o trabajando muy escasamente, por lo que les es difícil permanecer sin su fuente de ingresos.


En cuanto a la lista de desventajas de los trabajadores, se suman los daños en su salud mental como resultado de toda esta situación, tales como ansiedad, estrés y depresión. Esto se debe a factores como la pérdida o disminución de ingresos, lo cual se encuentra ligado con la preocupación por conseguir alimentos suficientes para el hogar y el pago de servicios y renta.  Notoriamente, esto se está dando en la persona que es el sustento del hogar.

En definitiva, la desventaja que más resalta a partir de la contingencia sanitaria por el coronavirus es la crisis de desempleo que se originó; además sobresalió que las empresas de este país no son aptas para manejar una situación de este tipo, como es el caso de los negocios irresponsables que seguían trabajando sin ser esenciales, que no sólo exponen a sus empleados, sino también a sus familias. De la misma manera se hizo evidente el desconocimiento de los derechos laborales de los trabajadores. Así pues, estas instituciones dan por alto la posibilidad de que gran parte de estos trabajadores sean el único sustento económico de sus familias; dicho de esta manera, qué más podrían hacer estas personas para poder comprar y pagar lo que sus familias necesitan.

De igual modo, se ocasionaron efectos negativos en la estabilidad emocional de los trabajadores, ocasionándoles infelicidad, ansiedad y probablemente frustración. En mi opinión, es lamentable que muchos de estos trabajadores estén lidiando con toda esta incertidumbre, ya que, si de por sí ya es bastante desafortunado el hecho de temer por tu salud y la de tu familia, ahora agregarle todas estas situaciones económicas que tienen que sobrellevar porque no es solamente que muchas de estas personas quedaron desempleadas, sino que, ante esta situación, les será casi imposible conseguir un empleo nuevo en el corto a mediano plazo.

***Este artículo es el producto de un trabajo de investigación y redacción desarrollado de manera colegiada por parte de estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California. Los estudiantes recibieron orientación para planear sus investigaciones y redactar sus textos. Para ello contaron con un acervo bibliográfico que fue reunido por todos los miembros del grupo colegiado. Una vez redactados sus artículos, estos fueron sometidos a una revisión de pares ciegos, con la cual recibieron retroalimentación adicional al de su guía capacitador, para realizar cambios y correcciones. Todos los textos publicados bajo la categoría de “Desarrollando perspectiva” fueron producto de este proceso pedagógico.

Bibliografía

EQUIDE. (7 de Mayo de 2020). Impactos del COVID-19 en México. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de EQUIDE: https://equide.org/pobreza/impactos-del-covid-19-en-mexico/

González, S. (9 de Mayo de 2020). Desempleo, la otra cara del coronavirus en México. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de Milenio: https://www.milenio.com/politica/coronavirus-mexico-testimonios-desempleo-causado-covid-19

INEGI. (Agosto de 2019). Determinantes subnacionales de la informalidad laboral en México. (N. Vol.10, Editor) Recuperado el 28 de Mayo de 2020, de INEGI: https://www.inegi.org.mx/rde/2019/08/20/determinantes-subnacionales-de-la-informalidad-laboral-en-mexico/

Luján, L. M. (4 de Mayo de 2020). Exhiben a empresas que incumplen medidas sanitarias por coronavirus: Elektra, Autofin e Hyplasa se niegan a cerrar pese a contingencia. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de Infobae: https://www.infobae.com/america/mexico/2020/05/04/exhiben-a-empresas-que-incumplen-medidas-sanitarias-por-coronavirus-elektra-autofin-e-hyplasa-se-niegan-a-cerrar-pese-a-contingencia/

Desarrollando perspectiva: “Cuarentena COVID-19, deterioro emocional y psicológico”

Cuarentena COVID-19, deterioro emocional y psicológico


Esteban Arámbula Ibarra
earambula@uabc.edu.mx

Estar enclaustrado por un periodo prolongado no es la mejor forma de llevar una vida plena. La situación que se ha suscitado por la pandemia que actualmente se vive a nivel global ha requerido que los habitantes de muchas naciones, si no es que de todas, entren en una cuarentena domiciliaria, la cual se ha prolongado más de los cuarenta días y, junto con otros factores que entran en juego a causa del confinamiento hogareño, ha deteriorado la salud mental y emocional de las personas.

Un sondeo hecho por Cadem y la Mutual de Seguridad fija que un 56% de mujeres cree estar trabajando más que en tiempos normales de oficina,  y un 36% de hombres percibe estar en la misma situación ( El Mostrador Braga, 2020). Las mujeres llevan más la carga de los hogares, aunada a sus labores y compromisos externos al hogar. Aún en estos tiempos modernos se puede ver cómo las mujeres son las que se hacen más cargo de lo doméstico. Aunque se ha repartido un poco más la labor del hogar con los hombres, sigue siendo dispareja la distribución de actividades domésticas. Uno de los aspectos que más problemas ha ocasionado, según las personas encuestadas que teletrabajan, fue hacer compatible el tiempo de trabajo con las tareas hogareñas.

Existe una clásica y errónea manera de pensar que agrava todavía más la situación de la carga de trabajo y psicológica en los hogares; según Amaia Pérez Orozco “sigue imperando esa idea de que lo que se hace en casa no es nada, ni es trabajo ni nada porque si no cómo pensamos que se puede hacer todo lo de dentro más cargar con todo lo de fuera” (Aguilar, 2020).

Estas cosas crean presión en los hogares. Los miembros de la familia comienzan a tener roces entre ellos y problemas de conducta, lo cual les genera crisis emocionales y presión psicológica. Claro está que no todas las familias sufren de conflictos en el hogar, ni al mismo grado, algunas más y otras menos. La escasez de recursos es uno de los tantos problemas que trae fricción al hogar, siempre lo ha hecho, pero en estos tiempos precarios lo acentúa más.


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Se escucha que el Gobierno busca ayudar en el combate de la crisis económica en la que se pueden estar viendo las familias a través de un ingreso mínimo o lo que otros plantean una renta básica universal. Esto mientras dure la situación crítica que se experimenta económicamente por la contingencia sanitaria en todo el mundo. Esta estrategia de apoyo aliviaría la carga económica y el estrés psicológico-emocional de personas sin ingresos o con ingresos insuficientes.

La carga que los padres llevan en el hogar es una bomba de tiempo para muchas familias. Además de la poca liquidez con que se pueda contar, también está la administración del tiempo. Por ejemplo, ayudar en la educación de los hijos mientras se hacen quehaceres en la casa y se cocina, adherido al tiempo que se necesita para el trabajo remunerado, ejercitarse, dormir, y ocuparse del cuidado personal.

Muchas personas han podido sobrellevar la crisis que se vive actualmente, pero muchas otras no. Lo que empeora la situación es la desinformación que poseen muchos de los individuos y que se añade a la carga de tensión que ya de por sí experimentan día a día. Existe mucha información errónea y manipulada por diversas razones que solo lleva a la población a un estado psicológico de pánico e incertidumbre, además de a un estado emocional quebrantado. Los mitos que circulan en redes sociales y en general todo el internet, junto con algunos otros medios de comunicación, crean preocupación en la gente respecto a todo lo referente al COVID-19. Como lo mencionan el virólogo Carlos Briones y el bioquímico Juli Pretó: “Se están difundiendo por distintas vías informaciones falsas, sesgadas y malintencionadas sobre todo lo relacionado con esta pandemia” (Briones & Peretó, 2020). Personas han dicho que es un ataque biológico para reducir la población del planeta y controlar los recursos, que el virus fue creado en un laboratorio, cosa que la evidencia no respalda: “nuestros análisis claramente muestran que el SARS-CoV-2 no fue un experimento de laboratorio” (Bryner, 2020). De acuerdo con el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, “la evidencia apunta muy fuertemente a que esto no pudo haber sido manipulado o creado de forma artificial…evolucionó en la naturaleza y después se contagió entre especies” (AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES, 2020). Como es de esperar, la gente vive con zozobra cuando se le dice que el mismo Gobierno que debe cuidar de sus ciudadanos ha creado un virus para deshacerse de ellos. La gente puede creer ciegamente que es un atentado u otra cosa deliberada, sobre todo si escuchas a Donald Trump decir que el virus fue creado en Wuhan. Ver que un presidente tan poderoso haga ese tipo de aseveraciones pone de nervios a cualquiera y empeora el estado emocional de la población.

Este tipo de aseveraciones generan desconfianza en sus autoridades y propician problemas en las familias cuando se vuelve el tema de conversación diaria con miembros a favor y otros en contra. Debido a cosas como esta, la fricción familiar se incrementa y el confinamiento no ayuda en nada cuando se tiene que lidiar con conflictos así. Hay personas que sencillamente no pueden soportar vivir de ese modo a diario. Esto también contribuye al desgaste emocional y mental de los inquilinos de la vivienda, además del desgaste que supone el trabajo remunerado que deben realizar y lidiar con todos los demás conflictos. En caso de no tener empleo esto simplemente es un deterioro más que se debe soportar.

Según Naix’ieli Castillo “Las medidas de confinamiento establecidas por las autoridades sanitarias para frenar la expansión de la pandemia de COVID-19 han aumentado el riesgo de mujeres y niñas de padecer violencia física, sexual, psicológica, económica y feminicida” (2020).  Existen reportes de casos de violencia intrafamiliar debido a la cuarentena; curiosamente lo que está causando maltrato en los hogares ha ocasionado la disminución de delitos comunes en la sociedad debido a que las personas no transitan tan a menudo las calles. La Dr. Aimé Vega Montie señala que en México la cultura machista junto con la inestabilidad económica y la tensión elevada en las casas son el combustible de la violencia generada en los hogares.

Es lamentable que se violente así a las personas, pero la agresión no es lo único que causa el estrés que familias enteras viven. Contagiarse con el virus es uno de los grandes temores que tiene la mayor parte de la población. El sector que más es golpeado por este tipo de tensión psicológica son las personas que trabajan en el rubro de la salud: médicos(as), enfermeras(os), todo el personal que esté en contacto con pacientes diagnosticados positivos con el virus o en espera del diagnóstico. Estos servidores cargan con el temor de contagiarse, o lo que es peor, contagiar a sus seres queridos. Es desgastante la labor que realizan en pro de la supervivencia de muchos pacientes. 

Los familiares de los infectados así mismo pasan por mucho estrés al no tener certeza de si su miembro familiar podrá recuperarse o no lo volverán a ver de nuevo. Las familias inconscientemente pasan por una etapa de duelo o pre duelo al saber que uno de los suyos tiene Covid, o que ellos mismos contrajeron la enfermedad.

 Por demás esta recalcar lo difícil que se ha vuelto la vida y cómo se entró en un modo de supervivencia de pronto. Cada familia se esfuerza por salir avante de esta lamentable situación lo mejor que puede, pero han habido casos en los que simple y llanamente no ven la luz e incurren en actos violentos dentro y fuera del núcleo familiar. Además, cuando su percepción ya está sesgada y alterada por todo lo que les abruma, pueden estar propicios a delinquir o cometer suicidio, lo cual lamentablemente ha sucedido.  Un estudio ha demostrado que el estrés prolongado ocasiona estragos en la mente, además de pérdida de memoria por retraer la conexión entre neuronas y evitar el nacimiento de nuevas (Trejo & López, 2020). En respuesta a esta crisis el Gobierno Federal de México tiene un portal en el que brinda asesoría y apoyo a las personas que estén sufriendo los estragos psicológicos que la pandemia y la cuarentena han causado  (Gobierno de México, 2020). En el portal se pueden encontrar videos que hablan a cerca de la salud mental elaborados para niños y otros para adultos. Aunado a este contenido también hay números telefónicos a los que pueden marcar, además de mucha más información que pueden leer y de un examen para que puedan evaluar tu sanidad mental. Así es como el Estado pone su grano de arena para ayudar a calmar la ansiedad y el estrés causado por la situación adversa. Este tipo de medidas crean una atmosfera propicia para que la ciudadanía pueda tener un respiro y una mejor salud mental.

De este modo lo único que queda es guardar la compostura y sobrellevar la crisis lo mejor que se pueda mientras juntos encontramos una solución viable para la situación de salud y las otras derivadas por la pandemia. Alarmarse y creer cosas sin fundamento no es la mejor apuesta en estos momentos; mejor es informarse e investigar. El conocimiento es poder y ayuda a bajar el estrés. Así que, para calmarse y ayudarse, prepararse y ejercitarse son una mejora a la hora de abordar la situación, así como platicar en comunión con la familia. Así pues, reduciendo el estrés se construye un mejor hogar en cada lugar.

***Este artículo es el producto de un trabajo de investigación y redacción desarrollado de manera colegiada por parte de estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California. Los estudiantes recibieron orientación para planear sus investigaciones y redactar sus textos. Para ello contaron con un acervo bibliográfico que fue reunido por todos los miembros del grupo colegiado. Una vez redactados sus artículos, estos fueron sometidos a una revisión de pares ciegos, con la cual recibieron retroalimentación adicional al de su guía capacitador, para realizar cambios y correcciones. Todos los textos publicados bajo la categoría de “Desarrollando perspectiva” fueron producto de este proceso pedagógico.

Bibliografía

El Mostrador Braga. (20 de abril de 2020). 46% más de carga laboral con teletrabajo: 92% de las mujeres debe cocinar y limpiar mientras teletrabaja. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de El Mostrador: https://www.elmostrador.cl/braga/2020/04/20/46-mas-de-carga-laboral-con-teletrabajo-92-de-las-mujeres-debe-cocinar-y-limpiar-mientras-teletrabaja/?fbclid=IwAR0CEk7eyrF3SuzVXYb18gzTlkzMbrRD6gOEFOkmF4c1b6OKAnfv5XFUb0Q

Aguilar, A. R. (3 de abril de 2020). Amaia Pérez Orozco: “Es el momento de garantizar ingresos con una renta mínima, pero a futuro la renta básica no es lo más potente”. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Eldiario.es: https://www.eldiario.es/economia/Amaia-Perez-Orozco_0_1011399352.html

AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES. (5 de mayo de 2020). Fauci dismisses Trump’s coronavirus Wuhan lab claims. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES: https://www.aljazeera.com/news/2020/05/fauci-dismisses-trump-claim-coronavirus-started-wuhan-lab-200505170558959.html

Briones, C., & Peretó, J. (21 de abril de 2020). El origen del coronavirus SARS-CoV-2, a la luz de la evolución. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de The Conversation US: https://theconversation.com/el-origen-del-coronavirus-sars-cov-2-a-la-luz-de-la-evolucion-136897?fbclid=IwAR0x3_5tDZi6y5iDYTDvOCcHnbUeI0cDykEtkNMbWrg0FKJrV6225Gpnn84

Bryner, J. (21 de marzo de 2020). The coronavirus was not engineered in a lab. Here’s how we know. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Live Science: https://www.livescience.com/coronavirus-not-human-made-in-lab.html

Castillo, N. (3 de abril de 2020). Coronavirus. La pandemia evidencia injusticias del modelo patriarcal. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Ciencia UNAM-DGDC: http://ciencia.unam.mx/leer/990/coronavirus-pandemia-covid-19-evidencia-injusticias-del-modelo-patriarcal?fbclid=IwAR3W1lb4M4oxfFZIq_Gjon1ehPHTXeqPGpR2elQMRBHgVgdDqdLUSTl-XH4

Gobierno de México. (28 de mayo de 2020). ¡Si te cuídas tú, nos cuidamos todos! Recuperado el 28 de mayo de 2020, de Gobierno de México: https://coronavirus.gob.mx/salud-mental/

Trejo, B. D., & López, Y. O. (13 de mayo de 2020). Coronavirus. Efectos psicológicos de una pandemia: el Estrés. Recuperado el 27 de mayo de 2020, de Ciencia UNAM: http://ciencia.unam.mx/leer/995/coronavirus-efectos-psicologicos-de-una-pandemia-el-estres-

Los bilingües: dos lenguas ¿y dos personalidades?

Si tú eres bilingüe, ¿alguna vez has notado que eres más tímido cuando te comunicas en una lengua que en la otra? Quizá sientas que eres más extrovertido cuando, por ejemplo, hablas en inglés que en español, o más grosero incluso. ¿Te ha pasado? Probablemente lo has atribuido a que eres más competente y hablas más fluido en una lengua que en otra. Por supuesto, eso es un factor relevante; pero aún hablantes que dominan un alto nivel de competencia en sus dos lenguas suelen notar que sus actitudes y conductas cambian ligeramente al usar una lengua y luego la otra.

Algunos psicólogos y lingüistas cognitivos, al notar este hecho curioso, se dieron a la tarea de explorar si pudiera ser posible que el uso constante de dos o más lenguas por parte de un mismo hablante en diversos entornos pudiera propiciar el desarrollo de “múltiples personalidades”.

No se trata de una sospecha nueva. Desde mediados del siglo XX contamos con estudios de casos de psicoanálisis, por ejemplo el de Buxbaum (1949), Greenson (1950) y Krapf (1955) (citados en Pavlenko, 2005, p. 158), donde los terapeutas descubrieron que sus pacientes preferían tener sus consultas en sus segundas lenguas, y no en sus lenguas maternas, para evitar el recuerdo de eventos traumáticos vividos en la infancia o para evitar síntomas de ansiedad.

Son muchos los ejempos de casos así los que yo podría citar aquí, pero solo mencionaré unos de los más drásticos. Los terapeutas europeos Amati-Mehler, Argentieri y Canestri presentaron en 1993 los casos de 5 mujeres extranjeras que se casaron con hombres italianos, se mudaron a Italia y aprendieron a hablar un fluido italiano. Todas las pacientes empezaron sus sesiones hablando esta lengua. Poco a poco ellas empezaron de manera espontánea a comunicarse en sus respectivas lenguas maternas. Lamentablemente, el uso constante de sus lenguas maternas durante las terapias desencadenó en ellas cambios drásticos de humor y síntomas de crisis psicológicas que estas pacientes ya habían trabajado y superado. En el estudio se cita el caso de una de estas mujeres, chilena, que empezó a sufrir agorofobia y desorientación a partir de su uso del español; y el de una paciente australiana que cayó en un agudo delirio al frecuentar de nuevo el inglés. Los autores interpretaron que en estas mujeres el uso del italiano servía como estrategia discursiva para evitar evocar traumas experimentados en sus países de origen donde, obviamente, se comunicaban en sus lenguas maternas (citado en Pavlenko, 2005, p. 163).


También disponible para terapias psicológicas en línea.

En todos estos casos, incluidos los de Buxbaum, Greenson y Krapf, los pacientes habían aprendido sus segundas lenguas de forma tardía, o sea después de la adolescencia. Por esta razón hasta entonces los psicólogos habían deducido que estos cambios de “personalidad” se debían al hecho de que para muchos hablantes su lengua materna es la más vinculada a la identidad, a la vida temprana y a las emociones. Se le atribuyó así al uso de una segunda lengua un “efecto de distanciamiento” con el que los hablantes logran hablar más libremente porque se sienten menos apegados a o menos comprometidos con la lengua que están utilizando.

Sin embargo, este supuesto empezó a ponerse en duda cuando otros profesionales empezaron a explorar los cambios de personalidad en sujetos bilingües saludables y mentalmente estables. En 1990, Guttfreund publicó los resultados de un estudio donde aplicó tres cuestionarios destinados a medir niveles de ansiedad y predisposición a la depresión a 80 hablantes bilingües español-inglés e inglés-español. Independientemente de la lengua materna de los sujetos, todos resultaron ser más ansiosos y propensos a la depresión cuando contestaron los exámenes en español, que cuando los contestaron en inglés (citado en Pavlenko, 2005, p. 167).

Por otra parte, en un estudio más reciente, Veltkamp, Recio, Jacobs y Conrad (2012) exploraron la posibilidad de que la lengua juegue un papel en la modulación de la personalidad y realizaron un estudio similar al de Guttfreund para corroborarlo. Ellos aplicaron cinco exámenes que evaluaban cinco aspectos diferentes de la personalidad (neuroticismo, extraversión, franqueza, simpatía y condescendencia) en 40 hablantes bilingües de alemán-español y en 28 hablantes de español-alemán. Todos los participantes sacaron mayor puntaje en neuroticismo y extraversión cuando se les aplicó el examen en español, y mayor puntaje en condescendencia cuando contestaron el examen en alemán (Veltkamp et al., 2010, p. 501). Además de haber comprobado que elegir una lengua sobre otra para comunicarse sí puede modular la personalidad, Veltkamp et al. concluyeron que este aparente cambio de personalidad se debe a un cambio simultáneo de esquemas de valores culturales atribuidos para cada lengua por parte de los hablantes. Así, el usar una lengua frecuentemente dentro de un entorno particular a la larga lleva a que los hablantes vinculen fuertemente a la lengua con los valores, actitudes y prácticas socio-culturales de dicho entorno. Al hacer uso de una lengua dada, ellos asumen una determinada postura cultural y esto se ve reflejado sutilmente en su conducta y, consecuentemente, en su personalidad.

Entonces se dejó de hablar de un efecto de distanciamiento motivado por la lengua materna y se pasó a hablar de un “efecto de la lengua”, que pudiera entenderse como un “efecto sociocultural  de cada lengua”. Si una persona vive por unos años en un país donde aprende que ciertas conductas son más apreciadas y valoradas, es altamente probable que las asuma al hablar en la lengua nativa del país en cuestión para “encajar” socialmente. Si después se muda a otro país donde se habla otra lengua y ahí no se valoran las mismas conductas, así mismo es probable que este hablante abandone esas conductas y actitudes al hablar esa segunda lengua.

Podemos ilustrar este fenómeno con un último ejemplo. En un estudio de 2004, Panayiotou pidió su opinión a 5 hablantes bilingües griego-inglés y a 5 inglés-griego acerca de una misma historia relatada en dos versiones culturales: la de Andy, un americano, y la de Andreas, un chipriota que vivió primero en Estados Unidos y luego en Chipre. El protagonista de la historia era un exitoso hombre de negocios tan trabajador que había perdido contacto con sus familiares y amigos más cercanos. Los 10 participantes en el experimento leyeron la historia en inglés y un mes después la leyeron en griego. Todos mostraron preocupación por Andreas, pero indiferencia o desaprobación hacia Andy. Algunos participantes mencionaron que incluso cuando piensan en la imagen de una “madre negligente” suelen juzgarla de manera diferente en el contexto americano y el chipriota. El resultado del análisis de Panayiotou indica que cada caso fue conceptualizado por los sujetos, con base en la lengua, a partir de imágenes, creencias y valores socioculturales diferentes a pesar de tratarse de la misma situación (citado en Pavlenko, 2005, p. 125). Por eso mismo se nota el “cambio de personalidad” cuando las personas alternan de una lengua a otra.

Las “personalidades múltiples” de los bilingües y multilingües se entenderían así como el síndrome de “cuando vayas a Roma actúa como los romanos”, una adecuación al contexto. Los bilingües son, por ende, personas biculturales también. Aunque me gusta como suena bilingües biculturales y bi-personalidades. Suena más impactante. ¿No crees?

Bibliografía:

Pavlenko, A. (2005). Emotions and Multilingualism. United Kingdom: Cambridge University Press.

Veltkamp, G. M.; Recio, G.; Jacobs, A. M.; Conrad, M. (2012). Is personality modulated by language? The International Journal of Bilingualism 17(4), p. 496-54.

Habla materna: ¿Hace daño hablar “chiqueado” a los niños?

Por más que alguien se resista a “simplificar” su habla y agudizar su tono de voz frente a un bebé, resulta que estamos biológicamente destinados a hacerlo.
Nadie nos enseñó cómo hablarle a los bebés, pero las madres tenemos la carga genética y biológica necesaria para saber cómo hablarle a nuestros críos y así llevarlos a que aprendan a comunicarse para sobrevivir. Instintivamente le hablamos “chiqueado” a los bebés.

Se le llama habla materna, motherese (maternés en español) o baby talk al habla que los padres o cuidadores dirigen a los bebés y niños pequeños. Esta forma de comunicación se distingue por un tono especialmente agudo y una simplificación gramatical de la lengua caracterizada por la predilección de frases y oraciones cortas, el uso de sustantivos concretos en lugar de abstractos o descripciones complejas, la selección de nombres propios y apelativos sobre pronombres, la formulación frecuente de preguntas breves, etc.

Mediante el motherese, el bebé desde que nace va aprendiendo muchos principios de interacción humana que asentarán las bases para su adquisición del lenguaje. Por ejemplo:

  • El bebé aprende a distinguir cuándo le hablan a él y cuándo no. Sabe que cuando las voces de sus cuidadores se hacen agudas, la interacción está dirigida hacia él y presta más atención.
  • Poco a poco, el bebé empieza a reconocer también lo que son los turnos de habla. Comienza a notar que, después de que se le dirige una cadena de sonidos con una entonación ascendente al final (las preguntas en el español, por ejemplo), se destina un momento de silencio para esperar una reacción de su parte. Así él empieza a entender que existe la expectativa de que él también participe activamente en la interacción.
  • Otra tarea muy importante que lleva a cabo el bebé mediante el motherese es la toma de estadísticas de los sonidos de la lengua de sus cuidadores. Naturalmente, ningún bebe nace sabiendo cuál es la lengua (de las más de 7 mil que existen en el mundo) que está destinado social y geográficamente a aprender. Por eso mismo, el bebé recién nacido es capaz de discernir todos los sonidos de cualquier lengua, pues todavía no está condicionado a preferir unos sonidos sobre otros. El bebé pudiera tener a su mamá hablándole en español, a su papá hablándole en inglés, a su hermano en francés y su niñera en alemán (por poner un ejemplo drástico), y él se dedicaría a tomar estadísticas de cada lengua, y, al poco tiempo, sabría perfectamente identificar cuál es cuál y relacionarla con la persona que la habla. ¿Cómo hacen esto los bebés? Cada vez que alguien les habla, especialmente la mamá, el bebé se fija en cuáles son los sonidos más frecuentes y dónde se encuentran estos en la cadena hablada con base en la entonación y las pausas. A esto se le llama aprendizaje estadístico. Este trabajo lo desarrolla todo el tiempo, desde que nace, de manera que, antes de haber cumplido su primer año, ya reconoce los sonidos de su lengua materna… pero ya no presta atención ni distingue tan fácilmente los sonidos de cualquier otra lengua. Hasta entonces el bebé ya fue predispuesto, socialmente hablando, a preferir la lengua que le es más familiar que cualquier otra.

Disponible para terapias psicológicas en línea.

De esto se deduce que entre más se le hable al niño, mejor estimulación tendrá y más rápido podrá adquirir estos conocimientos.

Algo desaconsejable, sin embargo, es que una misma persona acostumbre a hablarle al bebé en 2 o más lenguas diferentes de manera arbitraria, pues esto dificulta su toma de estadísticas y le evita aprender contextos diferentes de interacción.

Entonces, ¿le hacemos daño a los bebés cuando les hablamos en motherese? No, pero… podría llegar un punto en el que sí.

Tal como estamos biológicamente programados para hablar motherese a los bebés, también lo estamos para ir aumentando la complejidad de nuestro habla según los avances que vaya mostrando el niño en su adquisición de la lengua. De forma inconsciente los adultos adaptan su motherese al habla del niño, y así, juntos, papás e hijos van colaborando en esta proeza que es el aprender a comunicarse e interactuar en sociedad.

Si uno de los cuidadores fallara en este gradual aumento de la complejidad de su habla hacia el niño, a este último le estarán faltando los estímulos apropiados para que siga avanzando en el desarrollo de su lenguaje. Un problema así podría ser notorio a partir de los dos años de edad del niño.

Antes de concluir, quiero hacer una aclaración. El motherese NO consiste en imitar al niño. O sea, si el bebé le dice “tete” a la leche, hablar motherese no es llamarle “tete” a la leche. El bebé produce la palabra “tete” a partir de escuchar frecuentemente la palabra “leche”. Si uno le empieza a hablar de “tete”, el niño se confunde porque asume que está escuchando una palabra nueva. Si llega a pensar que “tete” y “leche” son sinónimos y formas igualmente aceptables de la palabra, dejará de esforzarse por decir “leche” bien por un “pequeño” malentendido.

El motherese es una gran herramienta, entre muchas otras más no discutidas aquí, de las que se vale el niño para aprender, no solo a hablar, sino a interactuar y vivir en sociedad. Podemos estar tranquilos sabiendo que nuestra forma anormalmente aguda y simplificada de hablarle a nuestros niños no es una excentricidad, sino un mecanismo biológicamente programado que instintivamente usamos para consentir, amar y ayudar a nuestros hijos en su desarrollo.

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  1. Muy bien, pero siento que debería haber más respeto para los que somos ateos y qué nuestras mismas familias no…

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